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Traductor: Radak
Corrector: Radak
Expediente Problemático Parte 2
¿Qué podría considerarse la verdadera encarnación de la expresión “el infierno en la tierra”? El joven Izayoi Sakamaki a menudo se planteaba esa peculiar pregunta, y si existía una escena que pudiera ofrecer una respuesta perfecta, sin duda era la que contemplaba en ese preciso instante.
—......
Un criadero subterráneo construido en medio de los megafrentes de cierto conflicto.
Fue durante esa época cuando Izayoi se vio envuelto en un incidente del que él y Canaria se enteraron: un grupo religioso radical intentaba obtener fondos para sus experimentos con personas negras afectadas por el albinismo, y para ello secuestraban a niños y niñas albinos negros con los que se encontraban mientras asaltaban las aldeas locales.
Desconocía la cantidad de dinero que se había invertido en la financiación y construcción de las instalaciones subterráneas de investigación y cría en las que se encontraban ahora, tras haberlas localizado y haber entrado a la fuerza, pero una cosa era dolorosamente obvia: estas instalaciones, construidas a tanta profundidad bajo la superficie terrestre que no permitían que ni un solo rayo de sol llegara hasta allí, tenían el tamaño de una pequeña ciudad, y la mayor parte de su espacio estaba ocupada por las celdas donde los albinos negros criados en cautividad y obligados a reproducirse una y otra vez contra su voluntad.
Al menos, así era hace unos diez minutos. Porque ahora mismo...
... Las instalaciones se han convertido en una imagen aún más parecida al infierno, aunque por una razón drásticamente diferente.
Los dueños de las instalaciones, quienes capturaban a los albinos negros y los trataban como si fueran animales enjaulados, no fueron asesinados. Fueron destruidos de forma tan absoluta que sus cadáveres ensangrentados, que apenas se parecían a de seres humanos, cubrían cada rincón de las instalaciones, llenando el lugar con un río de sangre y vísceras y un hedor nauseabundo a tripas y excrementos que habría bastado para que casi cualquier persona normal se arrodillara y vomitara todo lo que había comido en los últimos días.
Pisoteando los restos de aquellos que ya no merecían llamarse humanos, Izayoi avanzaba lentamente hacia la parte de las instalaciones que había sido etiquetada como “El Sitio de Desmantelamiento”. No había ninguna emoción típica en su mente. No sentía miedo al contemplar la masacre que había provocado, y ciertamente no sentía culpa ni inmoralidad por haberles arrebatado la vida a tantas personas y haberlas exterminado con sus propias manos. Porque para él... Aquellos que dirigían las instalaciones ya no eran personas. Eran algo incluso más simple y repugnante que meras bestias. Eran alimañas disfrazadas de humanos y, por lo tanto, lo único que había que hacer... Era aplastarlos y aniquilarlos para que jamás pudieran recuperarse.
Así es. Lo único que llenaba el corazón del joven Izayoi... Era una ira indiscriminada y un odio desenfrenado que estallaron en su interior y emergieron en un torrente imparable cuando se dio cuenta de que lo que los dueños de este lugar estaban haciendo iba mucho más allá de simplemente matar a los miembros de un grupo étnico minoritario para obtener ganancias. Izayoi era bastante inteligente para su corta edad, así que incluso de niño comprendió rápidamente que el lugar donde se encontraba no era un simple centro de investigación... Sino una planta procesadora de humanos. Un infierno creado por el hombre donde los albinos negros habían sido criados, cultivados y luego asesinados solo para que otras personas pudieran comerlos debido a la superstición de que consumir la carne de una persona albina supuestamente otorgaba varios favores y beneficios a quien la había probado, y él llegó aquí después de que Canaria lo trajera cuando le dijo que quería ver y experimentar la cúspide de la depravación humana. En cuanto se dio cuenta de eso, fue como si se hubiera activado un interruptor en su interior: un interruptor que reconocía a quienes trabajaban en esa planta procesadora de humanos como seres humanos de verdad. Ahora, ese interruptor se había apagado violentamente, porque, según su entender, ningún ser humano cuerdo estaría dispuesto a trabajar en un lugar así, participando en ese procedimiento bárbaro que se llevaba a cabo allí. Y si querían hacerlo, entonces no eran humanos, sino monstruos con forma humana. El mismo tipo de monstruos que metían todos los órganos de los albinos negros extraídos en paquetes herméticos y los colocaban en los congeladores, incluyendo instrucciones detalladas sobre métodos de cocción seguros y los posibles beneficios que se suponía que cada órgano proporcionaría al ser consumido, junto con las etiquetas con los destinos de envío y los nombres en clave de los clientes que los habían encargado.
—¿Criar humanos como ganado solo para procesar sus órganos y enviarlos al mejor postor? ¿De verdad han caído tan bajo?
Izayoi evaluó la situación con la garganta seca y una sonrisa aún más seca en el rostro.
“¡Quiero ver el campo de batalla más horrible del mundo!” Esas fueron las palabras exactas que usó cuando le dijo a Canaria que le gustaría cambiar el destino de su próximo viaje, durante el cual Canaria se centraba en mostrarle diversas maravillas del mundo y las cosas maravillosas que la humanidad había logrado a lo largo de su historia. Así que ahora, si asumimos que este infierno artificial creado por los humanos para sus semejantes es también una especie de campo de batalla, entonces su petición sin duda se había cumplido. Sin embargo, esto... Esto era infinitamente peor que un campo de batalla real. En el campo de batalla, las personas que morían luchando contra otros guerreros o ejércitos mueren como seres humanos que conservan su dignidad, y dependiendo de la mitología o la cultura, incluso pueden ganarse la gloria y un lugar en el más allá, sabiendo que sus nombres vivirán para siempre, inmortalizados en leyendas y en la memoria de los demás. Incluso en la actualidad, donde las guerras se han vuelto mucho más mecanizadas y menos personales, con la invención e implementación de las placas de identificación, los nombres de quienes han muerto en el campo de batalla siempre podrían registrarse y conservarse como prueba de que estas personas estuvieron aquí y vivieron.
Pero aquí, en este lugar, las cosas eran completamente diferentes. En esta planta procesadora, en este infierno en la tierra... No había memoria. No había nada ni nadie que documentara las vidas y muertes de todas las personas que nacían aquí. Era simplemente un infierno de pesadilla donde a los humanos, que se supone que eran todos iguales, no se les permitía tener ni siquiera los derechos humanos más básicos, y su orgullo y dignidad eran pisoteados y aplastados bajo las botas de hierro de sus opresores desde el momento en que eran traídos al mundo de la manera más horrible hasta el momento en que debían perderlo de una manera aún más espantosa, carente de toda razón o propósito. Probablemente fue esa constatación la que hizo que el joven Izayoi, que solía ser tranquilo y sereno, comenzara a agitar sus puños matando a todo y a todos los que se cruzaban en su camino.
Allí estaba él, recorriendo las instalaciones ahora vacías y desoladas, con todo el cuerpo cubierto de sangre, los puños apretados y el dolor carcomiéndole el corazón.
Y fue en medio de aquel paseo sin sentido cuando oyó una voz silenciosa, apenas más fuerte que un susurro.
—...... ¡¡¡Ugh......!!!
Una voz suave, delicada y débil, que parecía la llama de una vela a punto de apagarse con la más mínima brisa. Corriendo en la dirección de donde parecía provenir la voz, Izayoi se apresuró hacia una de las muchas puertas que bordeaban el largo pasillo y puso la mano en el pomo. Pero justo cuando iba a abrirla, su mano se quedó paralizada y se negó a avanzar.
—.... Ugh...
La voz que provenía del otro lado de la puerta era baja y débil, así que era muy posible que, incluso si se apresuraba a ayudar a quien la oía, no podría hacer nada para salvarla. Además, aunque entrara ahora mismo, ¿qué iba a hacer? Sinceramente, no tenía ni idea, pues nunca antes se había encontrado en una situación tan crítica, pero sabía que entrar sin ningún plan sería tan malo como lastimar él mismo a la persona del otro lado. Y lo más importante, ya había hecho todo lo que quería hacer allí. Su propósito de presenciar el peor tipo de campo de batalla se había cumplido, así que no había necesidad de que se quedara allí más tiempo del estrictamente necesario; debía irse de allí cuanto antes. Si lo hacía, podría seguir adelante con su vida a pesar de todo lo que había presenciado ese día y de todos los monstruos que había matado. Pero si daba un paso más, sentía que iba a ver algo inimaginablemente horrible, algo que le impediría apartar la mirada e ignorarlo, aunque quisiera.
Ahora mismo, mientras Izayoi luchaba contra sus propios pensamientos en medio de un criadero subterráneo que estaba a punto de derrumbarse y quedar sepultado bajo una masa de roca aplastante en cualquier momento, los únicos sonidos que se podían oír eran la respiración agitada de Izayoi y el rechinar de sus dientes, así como la voz apenas audible de la persona al otro lado de la puerta.
Durante un tiempo, Izayoi estuvo realmente dividido entre entrar a ayudar a esa otra persona y marcharse sin hacer nada, pero cuando la voz al otro lado de la puerta empezó a gemir y gruñir una frase como si su dueño estuviera sufriendo un dolor extremo, eso fue el empujón que Izayoi necesitaba para que se borrara toda su vacilación.
—..... Ayúda... me......
Cuando escuchó esas palabras, pronunciadas con una voz más fuerte y desesperada que antes, su cuerpo se lanzó hacia adelante sin siquiera pensarlo. Y, a decir verdad, años después, cuando se había vuelto mayor y más sabio con todas las experiencias vividas... Aún no podía explicar por qué exactamente hizo aquello en aquel entonces.
Apretó con fuerza el pomo de la puerta y luego la abrió de golpe.
Lo que vio al otro lado se le quedó grabado en la memoria, pero también le dejó una cicatriz que jamás podría olvidar. Aun así, aunque la decisión que tomó entonces quizás fue la equivocada, no se arrepentía.
Porque a cambio de descender a ese infierno en la tierra que le dejó una herida que llevaría consigo el resto de su vida, conoció a la primera persona a la que realmente podía llamar amigo.
❄️❄️❄️
—Bueno, bueno, bueno, parece que esta vez sí que te has descontrolado, ¿eh, Izayoi?
—... Cállate, maldita vieja bruja.
Mientras Izayoi estaba apoyado contra la pared del pasillo del hospital abrazando su rodilla, cierta mujer... Canaria, que llevaba una gabardina blanca, se acercó e inmediatamente comenzó a burlarse de él, y cuando él le contestó de mala manera, ella simplemente se rio mientras se sentaba justo a su lado.
—Destrozaste esas instalaciones de tal manera que se derrumbaron por completo unos treinta minutos después de tu fuga. Sé que no necesito recordártelo porque probablemente ya lo habías deducido, pero como este país está asolado por conflictos constantes, no podemos permitirnos volver allí y reconstruirlo todo, ¿sabes? Por suerte, lo mismo aplica para cualquiera que haya intentado usar el equipo de esas instalaciones o reconstruirlas.
—… Ya veo. Así que, como mínimo, ese chiquero y sus secretos permanecerán enterrados en la oscuridad de la tierra, donde pertenecen, ¿verdad?
—Lamento decepcionarte, pero es cierto. Destrozaste ese lugar tan bien que será imposible realizar experimentos allí jamás, eso es verdad, pero mientras haya, aunque sea un solo superviviente de esos incidentes, el conocimiento de lo que hicieron allí también perdurará. Sin mencionar que también está el asunto de la niña que trajiste contigo de allí. Ahora que has decidido involucrarte con ella, ya no puedes simplemente ignorarla y abandonarla. Entonces, ¿qué vas a hacer con ella?
El tono de voz de Canaria y sus palabras exactas demostraban que no culpaba a Izayoi por lo que había hecho, sino que, al menos, quería saber qué pensaba hacer con la niña que había rescatado. Sin embargo, dado que él mismo era solo un mocoso de trece años, era imposible que Izayoi supiera las respuestas a las preguntas de Canaria, y ni siquiera estaba seguro de si tendría la fuerza suficiente para asumir la responsabilidad de su acto egoísta.
Sin embargo, pensándolo ahora, cuando finalmente pudo calmarse, ni siquiera quería ayudar a esa niña en primer lugar, pero todo sucedió tan rápido que no pudo reaccionar adecuadamente a los eventos que se desarrollaban a su alrededor, y su cuerpo simplemente... Se movió por sí solo sin prestar atención a lo que el propio Izayoi pensaba que sería lo mejor que podía hacer en ese momento, pero aparte de escapar de las instalaciones cargando a esa niña en su espalda, realmente no hizo nada más, porque todos los demás procedimientos, como los relacionados con transportar a esa niña al hospital y conectarla a un sistema de soporte vital, todas estas cosas habían sido organizadas y gestionadas por la propia Canaria.
Pero, aun así, aunque técnicamente ella era quien tomaba las decisiones aquí porque era adulta, optó por dejar la decisión sobre qué hacer a partir de ahora en manos de Izayoi, ya que salvar a esa niña del centro era algo que él había decidido completamente por sí mismo, sin que nadie más influyera en su decisión.
—Izayoi. No importa lo que termines decidiendo, quiero que recuerdes una cosa. No importa cuáles fueran las circunstancias en aquel entonces, ni cuál fuera tu razonamiento o la falta del mismo, finalmente decidiste ayudar a esa niña, así que tus intenciones debieron haber sido salvarla desde el principio, ¿verdad? Y si de hecho fue así, entonces no puedes simplemente meter el rabo entre las piernas y huir. No de la elección que has hecho.
—… Lo sé. No hace falta que me lo recuerdes.
Si Izayoi hubiera decidido huir, lo más probable es que Canaria no lo hubiera culpado pero, por otro lado, ella odiaba a quienes intentaban huir de la responsabilidad de sus actos, y si él hubiera intentado abandonar a esa niña sin siquiera intentar salvarle la vida, jamás lo habría perdonado. Pero no es que lo estuviera obligando a tomar una decisión tan difícil por despecho o para fastidiarlo, sino que lo estaba obligando a tomar esa decisión por su propio bien, porque sabía que, si no lo presionaba lo suficiente ahora, él solo crecería para convertirse en un adulto inútil, incapaz de tomar decisiones y mantenerse firme en sus convicciones si alguna vez se encontraba en una situación que le exigiera tomar una decisión realmente difícil con consecuencias duraderas.... Pero esa peculiar mezcla de rigor y bondad era precisamente lo que más le gustaba a Izayoi de Canaria y por lo que la respetaba.
—Y ahora que hemos superado la parte seria de la conversación... Me alegra mucho que hayas decidido ayudar a la víctima de esos experimentos y que hayas decidido traerla contigo. Esa es toda la prueba que necesitaba para ver que realmente te has convertido en un chico compasivo y afectuoso, exactamente como imaginaba que serías.
—Y ahí vas de nuevo, soltando tus habituales tonterías crípticas. Me estás volviendo loco, ¿sabes? Además, si ya sabías de la existencia de esa instalación, ¿no podrías habérmelo dicho antes? Así, tal vez podríamos haber salvado a más de una persona.
Cuando Izayoi rebatió su argumento, Canaria pareció sentirse realmente herida por su comentario, algo bastante inusual en ella.
—... Idiota. Si hubiera sabido de ese lugar antes, habría hecho algo al respecto yo misma.
—Lo sé, lo sé. Esperar algo así de ti sería como mezclar idealismo con realismo, y eso siempre es una receta para el desastre, pero sé que, si hubiera habido siquiera un uno por ciento de posibilidades de que pudieras haber hecho algo al respecto, lo habrías intentado, aunque no tuvieras los medios para hacerlo de inmediato... Así que lo siento. Lo que acabo de decir... Lo hice solo porque quería desahogar mi ira contigo, y no debería haberlo hecho.
Izayoi se disculpó con Canaria, y entonces se hizo un profundo silencio entre ellos. Izayoi se percató de que Canaria sostenía en la mano una ficha médica, probablemente perteneciente a aquella niña del criadero.
—Esos son... ¿Los registros médicos de esa niña albina negra? Debo admitir que sabía que los albinos y su carne tenían un significado especial para quienes practican el canibalismo, pero jamás habría imaginado que tanta gente se involucraría en prácticas tan enfermizas, y que tantos estarían dispuestos a llegar a tales extremos para obtener carne de albino. Entiendo que todavía existen muchas zonas del mundo donde los albinos son tratados como abominaciones simplemente porque el color de su piel es diferente al de los demás, y que muchos siguen convencidos de que su piel blanca posee propiedades mágicas, pero me resulta incomprensible que alguien llegara al extremo de crear una instalación entera donde criar, procesar y vender carne procesada de albinos a diversas regiones del mundo, incluso a las más rurales.
La creencia supersticiosa en las propiedades mágicas de la piel blanca de los albinos ha estado presente en diversas mitologías tanto de Oriente como de Occidente desde la antigüedad, y es una de las pocas que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días. En la antigüedad, en las culturas donde se empleaba el sistema de castas, el color de la piel podía incluso ser causa de conflictos o tragedias personales, pues existen relatos de personas, e incluso cónyuges, asesinados por tener la piel demasiado oscura. Uno de los ejemplos más destacados de esta discriminación basada en el color de la piel son los dioses y héroes de la mitología india. La mayoría de ellos son representados con piel azul, ya que, según las creencias hindúes, el color azul se asocia con lo infinito y lo inconmensurable, y se considera el color de lo puro y lo bueno, mientras que la piel negra y oscura se asocia con el mal y todo lo impuro.
En las regiones del mundo donde vivían personas de piel blanca, los niños con albinismo eran considerados milagrosos y destinados a convertirse en prodigios o genios, llegando incluso a ser objeto de veneración. Sin embargo, en las regiones donde vivían personas de piel negra, el trato hacia los albinos era mucho más cruel y despiadado. Dado que se creía que los albinos negros estaban malditos desde su nacimiento, se les atribuían propiedades místicas a su piel y a otras partes del cuerpo, que se utilizaban no solo en prácticas caníbales, sino también con fines ornamentales y como catalizadores en rituales mágicos. Por consiguiente, todas sus partes del cuerpo y órganos internos se vendían a precios exorbitantes en el mercado negro.
Objetos de culto, ceremonias y rituales mágicos, canibalismo y diversas formas de blasfemia e inmoralidad....... Para las personas que tienden a disfrutar de algunas o todas las cosas que acabamos de mencionar, los albinos son como la mejor droga posible con la que podrían drogarse, razón por la cual siempre han sido discriminados, cazados y asesinados solo para que sus restos pudieran ser utilizados para el entretenimiento y placer de otros, así que para protegerse a sí mismos y su dignidad como seres humanos de aquellos que intentarían cazarlos como animales y luego usarlos como trofeos para sus desviaciones enfermizas, no tuvieron más remedio que luchar constantemente por su propia supervivencia mientras se veían obligados a un estilo de vida nómada lleno de poco más que ansiedad y miedo de si iban a poder vivir lo suficiente para ver otro día, y en las partes más remotas del Mundo Exterior donde la civilización aún no ha progresado tanto como en el resto de él, tal estado de ser ha persistido incluso hoy.
Normalmente, uno pensaría que la sociedad humana debería hacer todo lo posible para proteger a estas personas de la opresión injusta a la que se enfrentaban, pero como Izayoi pronto descubrió, estas personas no podían contar con la ayuda de la sociedad y, además, aunque eran débiles, no tenían más remedio que volverse fuertes para que la sociedad que se suponía que debía tenderles la mano no terminara matándolas para su propio beneficio.
Para Izayoi, que desde su nacimiento ha poseído fuerza física y un físico robusto a la altura, tal contradicción parecía bastante trágica, pero también irónica hasta cierto punto.
—Izayoi, hay algo más sobre esa niña a la que salvaste que pensé que deberías saber. Un cierto porcentaje de sus órganos internos ya han sido extirpados.
—Ya me lo imaginaba. Era demasiado ligera para su edad y estatura cuando la levanté, así que supe enseguida que algo le pasaba. Sé que decir que alguien es “ligero como una pluma” es solo una forma de hablar, pero en su caso esa descripción sería demasiado acertada.
Sus palabras contenían rastros de ira e indignación, pero no estaba seguro de hacia quién debía dirigir esa ira en ese momento.
Canaria e Izayoi evitaron decirlo directamente, pero ambos sabían que el estado de la niña era bastante grave. Como ocurría en la mayoría de los países en conflicto, la única forma de acceder a una atención médica decente era tener muchísimo dinero. Incluso si lograban salvarle la vida temporalmente, su estado distaba mucho de ser ideal. De ser así, Canaria no estaría allí sentada en silencio, como lo estaba haciendo. Si así era como debía ser, lo mínimo que podían hacer por la niña era asegurarse de que pasara sus últimos días de forma significativa.
Aunque Izayoi jamás se lo diría a nadie, también era una mezcla de soñador y realista, así que no iba a perder el tiempo lamentándose sin siquiera comprobar si aquella chica aún tenía ganas de vivir. E incluso si ya no había ninguna posibilidad de futuro para ella, era su deber convencerla de que eso no significaba que debiera dejar de soñar y de querer seguir viviendo.
Tras suspirar profundamente, Izayoi decidió que ya era hora de levantarse, y al hacerlo, inmediatamente le arrebató el historial médico de las manos a Canaria y comenzó a revisar su contenido él mismo.
—Bueno, si no le queda mucho tiempo, entonces no hay mucho que podamos hacer al respecto, así que deberíamos centrarnos en hacer todo lo que sí podamos por ella. Viniste aquí por mí porque recuperó la consciencia, ¿verdad?
—Sí, ya ha recuperado la fuerza suficiente para hablar, y dijo que quería verte, Izayoi.
—¿Quiere verme? Bueno, está bien. Iré a hablar con ella un rato. No sé cuánto tiempo tardaré, así que volveré cuando pueda.
Y entonces Izayoi se marchó saludando a Canaria con la mano de forma despreocupada, y ella simplemente se quedó allí, observándole la espalda mientras él se alejaba.
A decir verdad, Izayoi no tenía ni idea de por dónde empezar, pero si no se reunía primero con esa chica, nada iba a avanzar. Así que Izayoi intentaba pensar en qué hablar con ella mientras caminaba por los pasillos del hospital, subió las escaleras hasta el piso donde se suponía que estaba la chica y se detuvo frente a la puerta de su habitación... Que estaba entreabierta, lo cual era extraño, porque normalmente debían estar cerradas siempre que alguien entraba o salía.
—¡Oye! ¿Hay alguien ahí?!
Llamó para ver si alguien le respondía, y al no obtener respuesta alguna, irrumpió en la habitación, solo para encontrarla completamente vacía y ver que la aguja conectada al soporte con la vía intravenosa parecía haber sido arrancada a la fuerza. Su reacción al ver aquello fue instantánea. Cuando Izayoi se dio cuenta de que la niña podría haber sido secuestrada, corrió desesperadamente hacia las escaleras.
Ahora que lo pensaba, toda esta situación era muy inquietante. Esa chica no estaba en su habitación, y, sin embargo, parecía que no había nadie más que Izayoi buscándola. ¿Sería porque era una albina negra no identificada a la que le faltaban órganos internos que nadie quería tener nada que ver con ella? Pero si se suponía que esto era un hospital, ¿no debería significar que el personal que trabajaba allí debería tratar a todos por igual, sin permitir que sus prejuicios influyeran en su ética laboral? Entonces, ¿por qué...?
A medida que se sentía cada vez peor, Izayoi corría por los pasillos del hospital intentando recordar la distribución exacta de cada una de las plantas.
Sí... Definitivamente algo no está bien aquí. Este es un hospital bastante grande y moderno y, sin embargo, nadie está armando un escándalo porque un paciente desapareció aparentemente sin dejar rastro, más aun teniendo en cuenta que esta sala especial solo tiene una escalera y un ascensor de emergencia... ¿Por qué nadie se puso en contacto conmigo ni con Canaria?
Había dos posibilidades para explicar por qué era así. La primera era que el personal del hospital tenía la intención de secuestrar a la niña desde el principio, desde que Izayoi y Canaria llegaron con ella... Pero Izayoi dudaba de esta posibilidad porque era imposible que Canaria no se diera cuenta de un plan así, y probablemente había revisado el lugar antes de llegar para asegurarse de que fuera seguro dejar a la niña bajo atención médica. Sí, así es. Si este lugar hubiera sido objetivo de alguna organización similar a la responsable de la creación de esa instalación, Canaria lo habría detectado enseguida y habría estado más atenta, pero como no sucedió nada de eso, entonces debía significar que este lugar estaba legítimamente libre de cualquier influencia de ese tipo.
La otra posibilidad también era bastante increíble... Pero no del todo imposible. Era posible que la chica hubiera recuperado la fuerza suficiente para levantarse y salir de la habitación por su propio pie. A juzgar por el estado en que se encontraba cuando Izayoi la encontró y por lo que Canaria le había dicho momentos antes, tal cosa no debería haber sido posible, pero si Izayoi tenía que elegir entre estas dos posibilidades, la segunda era mucho más preferible que la primera. Así que, con la esperanza de que así fuera, Izayoi corrió hacia la terraza del tercer piso del hospital. Y como corría a toda velocidad, no tardó mucho en llegar.
Cuando llegó a la terraza, pudo ver que solo había una persona de pie allí.
Toda esta sala especial tenía paredes de cristal, por lo que la mayoría de las superficies eran transparentes, pero esta terraza era el lugar donde la luz brillaba con más intensidad durante los días soleados. Y en esa terraza, una figura vestida de blanco contemplaba el cielo lejano con las manos cruzadas sobre el pecho, admirando los brillantes rayos del sol que la iluminaban. Cuando Izayoi abrió la puerta que daba a la terraza, la figura debió de notarlo, porque lentamente se giró para mirarlo. Debido a la suave brisa que soplaba ese día, el cabello blanco de la figura ondeaba ligeramente en todas direcciones, y sus mejillas estaban humedecidas por un flujo constante de lágrimas que brotaban de sus grandes ojos rojos.
—... ¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!
Izayoi pensó que tal vez se debía a que había estado mirando al sol durante demasiado tiempo, pero no, ese no era el caso en absoluto. Porque incluso ahora que la niña había apartado la mirada del sol, las lágrimas seguían cayendo de sus ojos sin cesar.
Esas lágrimas contenían todas las emociones que se habían entrelazado en su interior y brotaban como lágrimas puras, de esas que solo pueden derramar quienes rebosan inocencia, alegría y gratitud. También le recordaban algo más: las lágrimas que derraman los recién nacidos al llegar al mundo, acompañadas de sus primeros llantos inocentes.
Con su cabello blanco puro ondeando al viento y sus ojos rojos mirando fijamente a Izayoi, sonrió con una sonrisa que parecía la más feliz del mundo, y luego se presentó ante él.
—Hola, y gusto en conocerte. Me llamo “Ishi2. ¿Puedo saber cómo te llamas?
❄️❄️❄️
Para ser completamente honesto, no había ninguna posibilidad de que Ishi se salvara. Según los médicos que la atendían, era imposible tratarla debido a las bacterias que se habían introducido en las heridas que le quedaron tras las intervenciones quirúrgicas en las que le extirparon parte de sus órganos internos, ya que se realizaron de forma deficiente y en condiciones inadecuadas. Así pues, con todo su poder y posibilidades, lo único que la medicina moderna podía hacer por ella era aliviar su dolor y prolongar ligeramente el poco tiempo de vida que le quedaba. Ante semejante diagnóstico, la mayoría de la gente sin duda se habría hundido en la desesperación, pero cuando supo que le quedaba aproximadamente un mes de vida, tomó una decisión muy rápidamente.
—Ya que voy a morir, al menos quiero vivir muchas experiencias antes de que eso suceda. Si no puedo experimentar todo lo que el mundo tiene para ofrecer, ¿para qué vivir tanto tiempo?
Eso fue lo que dijo sin dudarlo un instante, así que probablemente era seguro asumir que, aunque sus días estaban contados, no iba a sucumbir a la desesperación, sino que se centraría en recuperar el tiempo perdido en la medida de lo posible. Eso era lo que la distinguía de la mayoría de la gente común que se encontraba en una situación similar.
Para ellos, estas dos cosas estaban conectadas hasta tal punto que la mayoría de los humanos probablemente habrían dicho, si les preguntaras, que una vida larga es precisamente lo que se necesita si quieres experimentar todo lo que el mundo tiene para ofrecer, y probablemente pensarían que no tiene sentido someterse a cirugías dolorosas durante medio mes solo para prolongar la vida unos tres días más, y preferirían esperar y aferrarse a la oportunidad de hacer cualquier cosa para prolongar sus vidas mucho más, solo para no tener que enfrentarse a la muerte todavía.
Pero Ishi no quería eso. Se había resignado a que en aproximadamente un mes su vida terminaría, y prefería dedicar el tiempo que le quedaba no a buscar maneras de vivir un día más, sino a hacer todo aquello que antes no podía. Quería pasar el último mes de su vida viviéndolo y disfrutándolo al máximo bajo el cielo azul, aunque eso significara tomar grandes cantidades de analgésicos para aliviar el dolor. Cuando Canaria le preguntó por qué había tomado esa decisión, le respondió con un ligero rubor en sus pálidas mejillas:
—Porque... ¿Porque era mi primera vez?
—¿Es tu primera vez?
—Sí. Era la primera vez que salía de esa fría prisión de metal, contemplaba la inmensidad del cielo azul y sentía el calor del sol en mi piel. Lo que sentí en esos momentos... Son sensaciones que jamás olvidaré, ni siquiera después de morir. Así que, si no me queda mucho tiempo, quiero experimentar tantas cosas como sea posible que me hagan sentir exactamente así.
Por alguna extraña razón, Canaria pareció bastante sorprendida al escuchar su confesión. Parecía completamente congelada, con los ojos muy abiertos, como Izayoi nunca la había visto antes, pero tras un silencio absoluto que duró aproximadamente un minuto, asintió y aceptó el deseo de Ishi.
Por razones desconocidas para Izayoi en aquel entonces, un deseo tan simple pero poderoso bastó para que Canaria sintiera algo más que lástima por esa niña. Puso las manos en sus caderas y rio con confianza, alardeando de que la llevaría a cualquier lugar que quisiera visitar, le mostraría cada obra de arte que quisiera apreciar, la haría escuchar todos los géneros musicales inventados hasta la fecha y haría muchas, muchísimas cosas más que quisiera probar y experimentar... Y lo siguiente que Izayoi e Ishi supieron fue que se fue a falsificar un registro familiar que la incluía como pariente de Canaria e Izayoi, asegurándose de que pudieran viajar a cualquier lugar al que Ishi quisiera ir, ya fuera por tierra, mar o aire, e incluso les consiguió visas que les garantizarían la entrada a prácticamente todos los países del maldito mundo.
Izayoi ya lo sabía, pero entonces le recordaron una vez más que cuando Canaria se concentraba en algo, se convertía en una fuerza imparable, o quizás un monstruo imparable sería un término mucho más apropiado. Y cuando intentaron preguntarle cómo demonios había conseguido todo eso tan rápido, lo único que les respondió fue:
—Sé que puede que no lo parezca, pero tengo bastantes contactos en la Organización Mundial de la Salud, y todavía me debían una por haberles prestado una bandera con el Bastón de Asclepio y haberla usado como su emblema oficial.
Aunque eso fue toda una revelación en sí misma, no fue lo que más sorprendió a Izayoi. Las palabras que le dirigió a Canaria se referían a algo completamente distinto:
—¿Sabes qué, Canaria? Lo pensé antes, pero de verdad eres la persona más extraña que he conocido. Nunca te imaginé como alguien que se tomaría la molestia de hacer un pasaporte falso para alguien que nunca antes habías conocido y que se lo entregaran el mismo día. Solo no pareces ese tipo de persona para mí.
—¡Oh, cuánto me hieren tus palabras, querido Izayoi! Es decir, esa es exactamente la clase de persona que he sido desde el principio, ¿sabes? También quiero que sepas que, si no me hubiera esforzado tanto todo el tiempo, no habríamos podido viajar por el mundo con tanta libertad como lo hemos hecho durante años, así que lo mejor que puedes hacer es mostrar algo de aprecio por mis continuos esfuerzos.
Aunque él no quisiera admitirlo, ella tenía razón. Si no estuviera moviendo los hilos de alguna fuerza que operaba al margen de la ley, no habría sido posible que Izayoi, quien no solo no era pariente consanguíneo de Canaria, sino que ni siquiera la conocía, viajara por todo el mundo sin que nadie les hiciera preguntas ni se entrometiera en sus asuntos. Pero si tenía contactos en la Organización Mundial de la Salud, y por extensión en las Naciones Unidas, entonces todo se explicaría perfectamente.
—Por cierto, hay algo más que quería preguntar. Su nombre, ¿qué significa? Porque sé que probablemente no sea su nombre real, sino algo parecido a un nombre en clave o quizás un apodo, pero aun así, no pude evitar sentir un poco de curiosidad. ¿Tiene algo especial, o está más relacionado con cómo fue conmigo?
—Sí, es exactamente como dices. Ese no es su nombre real, sino el que ella misma se ha puesto, y estoy segura de que debe haber alguna razón especial detrás de su decisión de elegir ese nombre en particular. Por cierto, Izayoi... ¿Sabes cómo murió el último miembro de cierto grupo étnico orgulloso que se hacía llamar Ishi?
Canaria le preguntó a Izayoi en voz baja, a lo que él respondió inclinando la cabeza con confusión. Reflexionó sobre su pregunta por un momento, pero fue en vano, y estaba a punto de decirle que no tenía ni idea de qué estaba hablando, pero antes de que pudiera hacerlo, Canaria habló primero.
—No pasa nada si no sabes la respuesta a esa pregunta, porque no es algo que necesites saber ahora mismo. Pero si de verdad quieres saber la respuesta, quizás te la revele al final de nuestro viaje.
Estas palabras de Canaria sorprendieron mucho a Izayoi. Después de todo, era la primera vez que mencionaba que su viaje llegaría a su fin. Para ser honesto, Izayoi esperaba que algún día su viaje terminara, pero imaginaba que ese “algún día” sería en un futuro muy lejano. Sin embargo, sus palabras parecían implicar algo completamente distinto, lo que hizo que su corazón latiera con nerviosismo.
Durante el tiempo que pasó con Canaria, vio cosas magníficas como las Cataratas del Iguazú o la represa de Itype, uno de los inventos más novedosos en tecnología de centrales hidroeléctricas, y también vislumbró lo que es un verdadero infierno en la tierra. Vio muchas cosas que él mismo quería ver y que Canaria quería que viera, pero en el fondo sabía que aún le quedaban por ver las cosas que serían verdaderamente importantes para él.
Sin embargo, ahora no era el momento para que pensara en los “si” y “quizás” ocultos tras las palabras de Canaria, porque en ese momento, Izayoi tenía las manos ocupadas con otra tarea molesta que requería toda su atención: necesitaba asegurarse de que la demasiado entusiasta Ishi no se lastimara accidentalmente mientras corría, o al menos iba tan rápido como su condición actual se lo permitía, en dirección a las puertas del hospital.
Su cabello blanco, que crecía sin control sin que ella pudiera cuidarlo en absoluto, había sido cortado para que solo le llegara hasta la cara; vestía ropa suelta que le facilitara moverse lo más posible y se apoyaba en muletas, que golpeaban rítmicamente contra el suelo del hospital y luego contra el pavimento de los terrenos del hospital... Y lo hacían cada vez más rápido, porque cuanto más avanzaba, más rápido corría Ishi, obligando a Izayoi a correr delante de ella para asegurarse de que no tropezara con sus propias piernas por ir tan apresuradamente.
—¡Vamos, cálmate ya! Sé que estás deseando ir a hacer turismo, ¡pero tenemos un auto que viene a recogernos! Y para que lo sepas, aunque llegues al estacionamiento lo más rápido posible, no parecerá que vas a ir más rápido, ¡así que avanza con cuidado! ¡Dije, con cuidado!
—Ya lo sé, no hace falta que me lo recuerdes... Pero llegar un poquito antes no le hará daño a nadie, ¿verdad? ¡Ah, y casi lo olvido! Un “auto” es una caja mecánica de acero que se desplaza por las pistas, ¿no? Cuando lo vi en uno de los libros ilustrados cuando todavía estaba en esas instalaciones, pensé que, seguro que era una ilusión o algún tipo de truco de magia, ¡y todavía no lo creo! ¡No solo puedo ver tantos en acción, sino que además voy a montar en uno! Jajaja, ¡lo sabía! ¡El mundo exterior es un lugar verdaderamente mágico y asombroso!
Con los ojos brillando de emoción todo el tiempo, Ishi no podía apartar la vista de los autos que iban y venían pasando por el hospital en una pista cercana. Si se emocionaba tanto por una pista tan común en un país que es una enorme zona de conflicto, sin duda debería estar deseando ver las carreteras del continente, donde el horizonte se extiende hasta donde alcanza la vista. Además, era muy bueno ver que estaba más preocupada por observar la pista y los autos que la rodeaban, así como todo lo que veía por primera vez en su vida, en lugar de preocuparse constantemente por su estado físico y su situación.
Pero bueno, ¿quién iba a pensar que una niña se emocionaría tanto por algo tan normal y sencillo como una pista? O sea, mientras ella estuviera bien, todo bien, que disfrutara de lo que quisiera. De hecho, a Izayoi le interesaba más esa información que Ishi acababa de compartir con él: que al parecer había podido leer un libro ilustrado mientras estaba recluida en ese infierno.
—Oye, espera un momento. ¿Así que me estás diciendo que tuviste la oportunidad de leer un libro ilustrado, aunque nunca hayas salido de las instalaciones?
—¿Hmm? Bueno, sí, supongo. Al menos teníamos acceso a libros, porque todos los adultos en el centro afirmaron que el acto de “Comer la carne de otro ser humano” solo tiene sentido si ese otro ser humano es alguien con cierto grado de educación, porque sin siquiera el conocimiento básico, los humanos no seríamos diferentes de las viles bestias que acechan en la naturaleza. También dijeron algo sobre que nuestras acciones adquieren más significado gracias al conocimiento, ya sea cuando nos castigan por no comportarnos como ellos quieren o durante el proceso de reproducción.
—... Ya veo.
—Ah, además, te agradecería mucho que usaras mi nombre correctamente al dirigirte a mí en lugar de llamarme “Tú”, porque suena un poco grosero y no me gusta. Tomé prestado mi nombre actual de una persona a la que admiro mucho, así que, si es posible, quiero que sigas llamándome Ishi, ¿de acuerdo?
Ishi le exigió eso a Izayoi mientras le dedicaba una gran sonrisa amigable. Su pasado podría haber sido duro y violento, pero, aun así, a pesar de eso y de la situación en la que se encontraba, siempre intentaba sonreír, sin importar cuán grave fuera su situación. Y no fue hasta mucho después que Izayoi se dio cuenta de que esa era, en realidad, una de las preocupaciones que siempre rondaban la mente de Ishi.
Cuando llegaron al estacionamiento, su auto, que parecía más un camper de tres pisos que otra cosa, y mientras conducían hacia su destino, ambos miraban por las ventanas y admiraban el paisaje que pasaba a toda velocidad. Sin embargo, al llegar a la ciudad, Izayoi tuvo que lidiar con un nuevo problema, porque cada vez que Ishi veía alguna actividad común y corriente a la que nadie le habría prestado atención, era su trabajo explicarle en qué consistían esas actividades hasta el último detalle.
—¡Oye, oye, Izayoi!
—Dios mío, ¡¿qué es esta vez?!
—No pude evitar notar que hay un olor amargo que impregna el aire de esta ciudad, pero ¿a qué se debe?
—¿Un olor amargo? Así que... ¿Como un aroma a café, o algo por el estilo?
Intrigado tras escuchar las palabras de Ishi, Izayoi abrió la ventanilla del auto y respiró hondo. La ciudad por la que circulaban era más bien rural, pero, aun así, el aroma a café recién molido destacaba entre los demás olores típicos de la ciudad. Por lo tanto, era evidente que cerca había una planta procesadora de café o una gran cafetería. Sin embargo, aunque le explicara a Ishi qué era el café, probablemente no lo entendería, pero lo más importante... Dado que a Ishi le faltaban la mayoría de sus órganos internos, su sistema digestivo no funcionaba correctamente y el único alimento que podía digerir bien eran los alimentos procesados a base de gelatina, que su tracto digestivo podía absorber lo antes posible. Si intentara beber o comer algo que no fuera de ese tipo, sufriría un dolor insoportable. Pero, aun así, Ishi siguió inhalando el aire impregnado del aroma a café y miró a su alrededor con gran interés, reflejado en todo su rostro.
—Este olor es amargo, pero también delicioso al mismo tiempo.... Sabes, creo que leí una vez en un libro que la cafeína, el ingrediente principal con el que se hace el café, es la droga psicoactiva más consumida en el mundo, que puede volverte adicto en poco tiempo y hacerte sentir que tienes que seguir bebiéndola o de lo contrario no podrás seguir funcionando normalmente, así que supongo que se puede decir que, en cierto sentido, beber café es como esclavizarse a uno mismo, con la única diferencia de que con la cafeína la gente se lo hace a sí misma voluntariamente.
—.........
La forma en que lo expresó sonó algo extraña, pero, en esencia, no se equivocaba. Dicho esto, Izayoi no pudo evitar preguntarse por qué el único conocimiento que Ishi parecía poseer era sobre temas tan extraños y peculiares.
—Tienes razón al pensar que la cafeína es como una droga, pero aunque sea adictiva, es mucho menos peligrosa que las sustancias que solemos asociar con el término “drogas”. Además, con el paso de los años, la demanda mundial de café no deja de crecer, pero si bien el cultivo de las plantas y los granos de café puede parecer un negocio muy lucrativo, la mayoría de las veces el dinero que se obtiene de la venta del café no regresa a sus países de origen ni a quienes cultivaron las plantas y los granos.
—¿De verdad, a pesar de su gran popularidad, los fabricantes originales no reciben el dinero que les corresponde por derecho?
—No solo eso, sino que tampoco parece que vaya a haber ninguna mejora en ese sector empresarial en un futuro próximo.
—Pero... ¡Pero eso no es justo! ¿Por qué nadie intenta hacer nada para cambiarlo?
—Bueno, la respuesta a esa pregunta debería ser bastante sencilla, al menos para esta región del mundo. En definitiva, supongo que todo se reduce a los malos hábitos y las influencias negativas que comenzaron durante la época en que la esclavitud estaba en pleno auge y que siguen vigentes gracias a quienes trabajan activamente para mantenerlos vivos.
Tal como dijo Izayoi, hoy en día la demanda de café y cacao está en auge como nunca antes, pero este aumento constante no significaba que los salarios de los trabajadores manuales que laboraban en las plantaciones de café y cacao en condiciones a menudo deplorables también fueran a subir. De hecho, ocurría todo lo contrario: cuanto más trabajo había en las plantaciones, menos ganaban los trabajadores. Lo único que permanecía invariable eran los precios del café cuando finalmente se exportaba desde su país de origen al resto del mundo, y con cada año que pasaba, estos precios seguían disparándose.
Y en cuanto a los que tenían que trabajar cuidando esos granos de café y cacao... Bueno, en la mayoría de los casos, los trabajadores originales desde el momento en que se establecieron las plantaciones fueron los esclavos que fueron obligados a trabajar con ellos por los pioneros que trajeron consigo las especies originales de té y café durante la era de la exploración y más tarde en los tiempos de la colonización, así que se puede decir que quienes realizan todo el trabajo en la industria moderna de la elaboración del café, que se ha vuelto cada vez más industrializada y comercializada, son los descendientes de los esclavos que originalmente trabajaron con ellos.
En definitiva, en lo que respecta al dinero que se obtiene del proceso de cultivo y venta de café, menos del diez por ciento de las ganancias totales regresa a sus países de origen, y la industria cafetera en su conjunto se considera una de las más problemáticas, donde la implementación de cambios para mejor podría no ser posible, incluso si hay muchas personas que desean que ese cambio sea posible.
Poco después de terminar esa conversación, Canaria se unió a ellos en el tercer piso del auto, riendo como si acabara de escuchar algo increíblemente gracioso. ¿Acaso estaba escuchando a escondidas todo lo que Izayoi e Ishi estaban diciendo?
—Fue una conversación bastante inusual para un par de mocosos, ¿saben? Pero ya que estamos hablando del tema, si quieres saber más sobre el desarrollo de la libertad y la preparación del café antes del establecimiento de la esclavitud y después de su abolición oficial, ¿por qué no estudias la religión latinoamericana?
—Latinoamérica... ¿Te refieres al vudú y otras prácticas de magia negra como esas?
—No exactamente. El principal centro del vudú está en Haití. No conozco todos los detalles, pero creo haber leído en algún libro que es un país dominado mayoritariamente por personas de piel negra.
—Bueno, bueno, bueno, veo que alguien aquí sabe bastante. A pesar de toda la mala prensa que está recibiendo últimamente, hay algo que el vudú definitivamente hizo bien: estaba en contra de la esclavitud, y si lo buscas, encontrarás muchas historias interesantes relacionadas con ese tema. Creo que tengo algunos libros sobre el tema conmigo ahora mismo, así que puedo dártelos para que los leas mientras seguimos en movimiento si quieres.
—Uhm... Aunque es una oferta muy tentadora, me gustaría ver la mayor cantidad posible de paisajes exteriores mientras aún tengo la oportunidad de hacerlo. Leí más que suficientes libros en las instalaciones, así que ahora quiero concentrarme en el mundo exterior en lugar de en los descritos en ellos.
Ishi
rechazó cortésmente la oferta de Canaria de leer los libros sobre la religión
latinoamericana, e inclinó la cabeza en señal de disculpa. Y así, hasta llegar
a su destino, los tres disfrutaron de una charla trivial sobre todo tipo de
cosas, mientras Ishi seguía mirando por la ventana, maravillada por las
imágenes y los paisajes que desfilaban ante sus ojos. Pero no era la única que
disfrutaba del momento. Por alguna razón, para Izayoi, todo el viaje y el
paisaje fuera del auto parecían más frescos y vibrantes de lo habitual. Estaba
acostumbrado a pasar tiempo con Canaria, pero estar en presencia de alguien de
su misma edad con quien podía hablar era una experiencia completamente nueva
para él. Habían nacido en circunstancias totalmente diferentes, se habían
criado de maneras totalmente distintas, e incluso podría decirse que la esencia
misma de sus seres era completamente opuesta.
Probablemente suene muy extraño, pero cada vez que Izayoi hablaba con Ishi o Canaria, sentía que eran personas que compartían su misma visión y perspectiva sobre muchas cosas, y siempre que hablaba con cualquiera de ellas, podía decir que lo estaba pasando realmente bien.
—Bueno, hubo algunas influencias y efectos negativos durante la época en que el pensamiento ilustrado y el liberalismo se desarrollaban en todo el mundo en el pasado. Según me dijo Canaria una vez, el Japón actual está en camino de convertirse en una distopía al transformarse en una sociedad basada en el modelo de vigilancia mutua.
—¿...Una distopía? ¿Así que en Japón había políticos que querían tener un control tan férreo sobre la población?
—No, a decir verdad, los políticos en Japón son bastante relajados, si no directamente perezosos. Lo que quise decir es que Japón está plagado de una sensación de obstrucción general, restricciones de comportamiento y el declive de las ideas diversas que surgen de la sociedad en su conjunto y sus estructuras sociales, que degeneran hasta convertirse en una en la que las personas son constantemente vigiladas y juzgadas por otros en prácticamente todos los aspectos de sus vidas.
Eso fue lo que Canaria le dijo a Izayoi cuando se marchaban de Japón. El bajo nivel de vida, la constante necesidad de redistribuir la riqueza y la represión del derecho a la libertad de expresión. Estos eran los problemas con los que Japón lidiaba desde el final de la guerra y el comienzo de la era moderna, y con cada año que pasaba, estos problemas parecían agravarse sin dar señales de disminuir.
Y lo peor de todo es que tal estado de cosas no se debió a que los políticos de la dieta nacional apretaran el yugo del control sobre el cuello del pueblo, sino a un cambio en la estructura social que se ha vuelto más cerrada que nunca en la que la imagen ideal era ser “perfectamente promedio” sin elevarse jamás por encima de las normas, y si alguien intentara destacar de alguna manera, el resto de la sociedad lo reprimiría sin piedad para corregir su comportamiento fuera de lo común. En la actualidad, con una población mundial de alrededor de siete mil millones de personas, sería prácticamente imposible crear una sociedad que pudiera controlarse completamente solo por medios legislativos. Si los gobiernos intentaran algo así sin la debida preparación, lo único que se lograría sería que las masas estallaran en violentas protestas e incluso, muy posiblemente, en disturbios.
Podría sonar ridículo, pero la realidad de la sociedad actual es que, a menudo, no vale la pena tener un talento excepcional ni alcanzar un éxito desmesurado, debido a los prejuicios y estigmas sociales que conlleva, no solo por parte de quienes ostentan el poder, sino también de las personas cercanas. Eso era lo que preocupaba a Canaria hace unos años: que, tal como estaban las cosas, Japón se encaminaba inexorablemente hacia una sociedad de vigilancia mutua, donde unos pocos en el poder controlarían a toda la población y su inconsciente colectivo, eliminando cualquier elemento que se apartara de la norma universalmente aceptada.
—...Sin embargo, Japón está muy por encima de la media en lo que respecta a la educación moral de las masas. Si alguna vez se presenta la oportunidad de hacerlo, todo el país la aprovechará para ir más allá de la distopía, y créanme, tiene todo el potencial necesario para lograrlo.
—.... ¿Ir más allá de la distopía?
—Sí, lo que ella dijo. ¿De qué estás hablando ahora, Canaria? ¿Más allá de la distopía? ¿Y qué sería ese supuesto “más allá”? ¿Algún tipo de sociedad supercontrolada? ¿O quizás una sociedad superregulada?
—Ahora bien, no seas tonto, Izayoi, por supuesto que no va a ser algo así. Hacia dónde nos dirigimos Japón y nosotros, el pueblo japonés, con nuestro actual rumbo de progreso, sin duda será… Oh. Me temo que, aunque esta conversación ha tomado un giro bastante interesante, tendremos que posponer su continuación para otro momento, porque pronto estaremos cerca de nuestro destino.
Canaria miró el reloj de la pared del auto con una sonrisa y agitó la mano, indicando que el tiempo para las disputas filosóficas había terminado.
—Deberías poder verlo en cualquier momento. Porque sin verlo primero, no podrás comenzar tu viaje.
—¿Y con “eso” te refieres a...?
Ishi preguntó mientras inclinaba la cabeza, porque todo lo que podían ver fuera de la ventanilla del auto era el cielo azul, el sol brillando en lo alto y el horizonte infinito que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Pero, pero tal vez, solo tal vez... Tal vez eso era exactamente lo que Canaria quería que Ishi viera, pensó Izayoi para sí mismo. Después de todo, aunque son cosas que la gran mayoría de las personas que habitan este mundo parecen dar por sentadas, se puede decir que las cosas más magníficas que la naturaleza tiene para ofrecernos son aquellas que no vemos o cuyo verdadero valor no reconocemos hasta que es demasiado tarde.
—Jiji, ahora podría ser la mejor ocasión para hacerlo, así que salgamos a la cubierta superior del camper. Cuando se trata de este tipo de experiencias, el primer bocado siempre es el más delicioso~~.
Impulsados por las crípticas palabras de Canaria, los dos se miraron y subieron al camper tal como les había indicado. Al salir, un viento completamente distinto al de antes comenzó a soplarles en la cara... Y entonces lo vieron. Un paisaje azul profundo y resplandeciente que se extendía mucho más allá de las colinas circundantes. Al contemplar aquel hermoso paisaje por primera vez en su vida, Ishi dejó de respirar en el acto.
—De ninguna manera… ¿El mar? Esto… ¡¿Esto es el mar?!
Izayoi se contuvo de reírse de la sorpresa de Ishi y simplemente le sonrió. Ahora que sabía que estaban cerca del mar, Ishi se dio cuenta de que el viento que le acariciaba las mejillas no era un viento cualquiera, sino la brisa marina salada. Sin darse cuenta, ya se había llevado una mano a la mejilla para recoger las partículas de sal con el dedo y probarlas, e inmediatamente hizo una mueca al comprobar lo salada que estaba.
Cuando llegaron a la playa poco después, Izayoi ya sabía lo que tenía que hacer incluso antes de que Canaria sugiriera nada. Antes de que se abriera la puerta del camper, Ishi temblaba de emoción, ya que no podía contenerla. Pero cuando Izayoi se ofreció a ayudarla a salir del auto y caminar hacia la orilla, ella rechazó su mano extendida, diciendo con los ojos brillantes que quería ir por sí misma, usando solo su propia fuerza. Y, efectivamente, logró llegar a la orilla sin problemas, pero al encontrarse con las pequeñas olas que llegaban a la playa desde el mar, cayó de cara al agua al perder el equilibrio.
—... ¡¡¡!!!
—Oye, oye, ¿ya viste? No hay prisa, el mar no se va a ir a ninguna parte, así que la próxima vez ten un poco de cuidado, ¿de acuerdo? A menos que te guste mojarte con agua de mar, en cuyo caso, adelante, date un buen chapuzón mil veces más si te apetece... ¿Eh?
Sabiendo que así terminaría, Izayoi se acercó a Ishi con calma y estaba a punto de ayudarla a salir del agua, pero entonces vio que ella no quería eso. Lentamente, se puso de rodillas y, mientras permanecía arrodillada en el agua, con las olas cubriendo su rostro, juntó las manos y adoptó una postura como si estuviera rezando a Dios.
Igual que cuando vio el sol por primera vez.
Igual que cuando vio el cielo azul por primera vez.
Al igual que cuando vio el cielo estrellado por primera vez, sus ojos se llenaron de lágrimas grandes y redondas que parecían joyas mientras goteaban por sus mejillas para fundirse con las aguas del océano a sus pies.
Y al igual que lo había hecho en todas las ocasiones anteriores, esta vez también ofreció palabras de gratitud al Dios en quien creía.
—Oh Señor, gracias por concederme esta oportunidad.
Ishi, quien creció en un criadero clandestino en una instalación subterránea sin madre, padre ni parientes, oraba y lloraba arrodillada en el océano, considerado desde la antigüedad la madre de toda la vida. Por eso, para ella, venir hoy a esta playa podría considerarse el día en que finalmente conoció a la madre que nunca tuvo.
—...
Su expresión mientras seguía elevando sus oraciones entre lágrimas al cielo era casi insoportable para Izayoi, así que disimuladamente apartó la mirada de aquella escena tan cursi. A pesar de lo sentimental y empalagosa que le parecía, sentía compasión por la chica. Lo único que le costaba entender era por qué Ishi estaría ofreciendo oraciones de agradecimiento a Dios. Simplemente no lograba comprenderlo, por mucho que lo intentara.
Las instalaciones donde Ishi fue criada no podían describirse de otra manera que como un verdadero infierno en la tierra. De todas las personas que estaban allí con ella, fue la única superviviente, porque cuando Izayoi llegó, todos, excepto Ishi, ya habían sido asesinados, muy probablemente como parte del procedimiento de destrucción de pruebas iniciado por quienes dirigían aquel infierno. Debieron haber determinado que lo único que necesitaban no eran los albinos negros en sí, sino sus órganos, y si no lograban extraerlos lo suficientemente rápido, probablemente pensaron que sería mejor matar a quienes aún los llevaban en su interior.
Debieron pensar que esta era una estrategia inteligente e infalible en caso de que algo saliera mal y toda la operación se fuera al traste, pero lamentablemente esta vez no tuvieron suerte. Izayoi quizás era un niño, pero una vez que se enfadaba, se aseguró de que ninguno de esos bastardos saliera vivo de esas instalaciones, y todos murieron a sus manos, convertidos en trozos de carne ensangrentada en el suelo, apenas reconocibles como restos humanos. Además, ahora que ha pasado algún tiempo desde el incidente, fue posible regresar al lugar donde se construyó la instalación, y al excavar, descubrieron una montaña de grabaciones de vídeo con un contenido verdaderamente terrorífico.
Y lo peor de todo fue que Ishi, como única superviviente, exigió revisarlos todos, alegando que ahora era su deber saber exactamente qué sucedía en ese centro, hasta el último detalle horrible. Pero una vez que terminó de verlos, no culpó a nadie. Simplemente lloró por el destino de todos los que habían vivido allí, siendo tratados como si fueran ganado. Pero, según Izayoi, había algo hacia lo que podía dirigir su odio, una sola existencia a la que podía maldecir por permitir que algo tan inhumano sucediera: Dios. Si había alguien a quien culpar por haber podido detener la locura que allí se desarrollaba, pero que al final no movió ni un dedo para ayudar a todas esas personas que la necesitaban desesperadamente, sin duda era Dios, aunque solo fuera por lo conveniente que resultaba como chivo expiatorio.
Él no discute cuando se le acusa, y por mucho que lo insultes, no va a tomar represalias. En cierto modo, nadie es más adecuado para que la humanidad le atribuya todos sus pecados que él. Siempre es a quien culpan de cada fracaso y revés en sus vidas, aunque solo sea para proteger sus corazones de ser aplastados por sentimientos de culpa, arrepentimiento e inferioridad. Precisamente por eso Izayoi sintió la necesidad de preguntarle al respecto y escuchar con sus propios oídos lo que tenía que decir.
—Ishi. ¿No vas a guardar rencor a Dios por lo que te pasó?
—… Pero sí le guardaba rencor. Al fin y al cabo, esa debería haber sido una reacción natural para alguien como yo, que no tenía a quién culpar, ¿verdad?
Izayoi pensó que, aunque su respuesta sonaba sincera, también resultaba algo extraña y un poco superficial.
—Dices que le guardabas rencor... ¿Y qué? ¿Ya no lo odias? ¿De verdad puedes decir que superaste el odio por la injusticia que te ha ocurrido y que ya has pasado página, tratándolo como algo del pasado en lo que no hay que insistir demasiado? ¿Ya has perdonado al mundo y a quienes te han hecho daño por todos los pecados que han cometido contra ti?
Si ella realmente puede afirmar que este es su caso, entonces Ishi sería sin duda la persona más santa con la fe más inquebrantable que Izayoi haya conocido. Pero claro, Izayoi también puede decir que, con algunas excepciones notables, nunca ha odiado a nadie en su vida hasta el punto de desearle todo el dolor y la desgracia del mundo, lo que a su vez significa que tiene poca o ninguna experiencia perdonando a quienes le han hecho daño de alguna manera. Aun así, le resultaba fácil imaginar cómo debía ser el verdadero odio: una llama ardiente que se intensificaba cada vez más cuanto más ardía, sin posibilidad alguna de ser apagada por algo tan poco fiable como las meras palabras de quienes no saben lo que se siente al odiar a alguien o algo con todo el cuerpo y el alma, hasta el punto de sentir que vas a explotar por toda esa negatividad acumulada en tu interior. Por eso todavía había tiempo para Ishi. Si quería odiar a alguien por lo que le había sucedido y vengarse de él, aún tenía tiempo para hacerlo, porque aunque los investigadores del centro ya habían afrontado la justicia en forma de la calamidad viviente en la que se había convertido Izayoi en ese entonces, todavía había muchos otros que podían ser castigados en su lugar.
Quienes la oprimían golpeándola con sus puños, quienes comían la carne de sus congéneres albinos negros y todos aquellos que disfrutaban utilizando las partes del cuerpo y los órganos de los albinos negros en diversos actos blasfemos... Todos ellos eran culpables de cometer pecados contra ella y los de su especie, y si hubiera dependido de Izayoi, los habría reunido a todos frente a Ishi y le habría ofrecido sus cabezas si tan solo ella lo hubiera pedido. Pero incluso si eso hubiera sucedido, Izayoi estaba firmemente convencido de que no habría sido un castigo suficiente para ellos.
Según su punto de vista, la única forma en que esos caníbales y todos los que colaboraban con ellos y su granja de albinos podrían arrepentirse de sus actos sería sometiéndolos al mismo infierno que ellos impusieron a Ishi y a los demás a lo largo de sus ciclos de muerte y reencarnación, hasta que sus mentes y almas quedaran tan destrozadas que jamás pensarían en hacer algo similar en el futuro ni en sus próximas vidas. Pero para que todo esto suceda, Ishi debe comprender algo crucial: aunque no pueda vengarse personalmente, siempre podrá hacerlo a través de Izayoi.
—Ishi, lamento decirlo así, pero aquello por lo que te sientes agradecida y rezas ahora mismo es algo común en este mundo; en otras palabras, algo tan normal que incluso podría decirse que carece de sentido, porque lo vemos prácticamente a diario y nos hemos acostumbrado a ello. Por lo tanto, no hay necesidad de que te sientas agradecido ni agradezcas a nadie por algo tan insignificante. Dado que el tiempo que te queda de vida es limitado, debes asegurarte de emplearlo en hacer lo que deseas. Si la venganza contra tus opresores es una de esas cosas, si el odio aún arde en tu interior, ya sea como pequeñas brasas o como poderosas llamas... No debes intentar reprimirlo, sino alimentar ese sentimiento y avivar su fuego.
Con furia ardiente en la voz, Izayoi le habló a Ishi sobre la venganza. Probablemente por eso también sentía que las acciones de Ishi eran extrañas y que algo no cuadraba. Porque, sin importar cómo se mirara, era injusto que los caníbales siguieran por ahí, disfrutando de sus vidas llenas de esas perversiones enfermizas, mientras que la única víctima que logró sobrevivir al infierno en el que fue arrojada estaba arrodillada en el agua del mar, alabando una gigantesca bola de gases llameantes que se encontraba demasiado lejos en el espacio exterior como para preocuparse lo más mínimo por lo que sentía. Si ese es el orden natural de las cosas en este mundo, entonces jamás habría perdonado a un mundo así por jugar con la vida de quienes no lo merecían. ¿Quizás habría sido mejor para todo el universo que un mundo así fuera aniquilado y destruido sin dejar rastro?
—Venganza... ¿Venganza, dices?
Mientras miraba el horizonte a lo lejos, Ishi reflexionaba sobre el significado de todo lo que Izayoi acababa de decir. Por mucho que quisiera decir que había superado su odio y su deseo de venganza, habría mentido si lo hubiera dicho, porque, a decir verdad, sabía que esos sentimientos repulsivos aún permanecían en su interior. Pero no era su intención solo mantener las apariencias. No negaba no sentir odio en absoluto, porque creía sinceramente que sería capaz de superarlo y dejarlo atrás sin permitir que la consumiera y dirigiera su vida por el resto de sus días en este mundo, pero al parecer esa actitud suya no le sentó bien a Izayoi, y ahora un profundo silencio se había instalado entre ellas. Cerró los ojos y escuchó el sonido de las olas rompiendo contra la orilla, y luego, de repente, los abrió de nuevo y señaló al frente, a algún punto situado muy, muy lejos en el horizonte.
—Oye, Izayoi. ¿Alguna vez has estado en el Estrecho de Gibraltar, que según algunas personas se encuentra en “El Fin Del Mundo”?
—... ¿Eh?
—Solo responde a la pregunta si alguna vez has estado allí. ¿Es cierto lo que dicen? ¿Ese lugar es realmente El Fin Del Mundo? ¿Es siquiera posible que exista un lugar así?
Ishi miraba a Izayoi fijamente a los ojos con una expresión muy seria, lo que probablemente significaba que aquello debía ser un asunto muy importante para ella. Y, a decir verdad, el Estrecho de Gibraltar y las Columnas de Hércules que se encontraban allí fueron el primer lugar al que Izayoi quiso viajar cuando dejó Japón y comenzó su viaje alrededor del mundo junto con Canaria.
Mucho antes del amanecer de la era cristiana, en tiempos de la antigua Grecia, ese estrecho era considerado el punto más lejano del mundo griego, más allá del cual se suponía que no había nada más. Ishi probablemente pensó que, si Izayoi era un tipo especial de humano, podría haberle ofrecido una perspectiva única sobre el tema. Pero la verdad es que la realidad suele ser decepcionante y muy diferente de las fantasías infantiles, y así fue también con el Estrecho de Gibraltar. Así que, mientras volvía a mirar las pupilas carmesí que parecían querer atravesarlo, negó lentamente con la cabeza.
—No, allí no existía tal cosa como “El Fin Del Mundo”. Solo están los “Los Pilares de Hércules”, pero más allá de ellos no hay nada extraordinario. Ni la Atlántida, ni otros continentes perdidos de diferentes mitologías, literalmente nada.
No había ningún “Fin del Mundo” más allá del Estrecho de Gibraltar, ni demonios ni monstruos mitológicos vagando por la cuenca de las Cataratas del Iguazú, ni en ningún otro lugar que hubiera visitado junto a Canaria. Lo único que Izayoi aprendió de todos esos viajes fue que, si tus expectativas son demasiado altas, solo te llevarás una gran decepción cuando tus sueños infantiles choquen de frente con la cruel realidad del mundo. Por muy fuertes que creas que son, tarde o temprano todos se romperán. Pero entonces, ¿qué se supone que debes hacer? La respuesta a esa pregunta, como siempre, era mucho más sencilla de lo que Izayoi había pensado inicialmente. Era la forma que tenía Canaria de decirle a Izayoi que, en lugar de vivir en sueños y con la cabeza siempre en las nubes, debía centrarse en vivir en la realidad, en el aquí y el ahora.
Sin embargo, Ishi negó con la cabeza y, tras secarse las lágrimas que aún humedecían sus ojos, le hizo otra pregunta a Izayoi.
—Izayoi, cuando llegaste a las instalaciones donde nos criaban, ¿cuáles fueron tus primeras impresiones al verlas? ¿Te pareció una jaula para pájaros o, tal vez, más bien un jardín en miniatura?
—... Si tuviera que elegir entre estas dos opciones que me has dado, iría por el jardín en miniatura.
Las jaulas para pájaros están diseñadas exclusivamente para mantener vivos a los pájaros que se colocan en ellas para que puedan reproducirse, pero con un jardín en miniatura la cosa es un poco diferente.
Aunque en teoría estas dos cosas puedan parecer similares, existe una distinción importante entre ellas: los jardines en miniatura no están pensados únicamente para la reproducción, sino que su propósito es crear un mundo en miniatura donde todos los elementos necesarios para que la vida florezca adecuadamente deben estar contenidos en un espacio pequeño, que suele ser una pequeña caja de algún tipo.
—Sí, si me hicieran esa pregunta, supongo que esa sería también la respuesta que daría. Verás, si bien la mayor parte de las instalaciones se construyeron de tal manera que nos criaran y alimentaran como si fuéramos ganado, también había una gran variedad de iglesias, o al menos algo que se suponía que se parecía a ellas. Supongo que se podría decir que, en ese lugar infernal, la única libertad que se nos debía dar era la de elegir nuestras propias creencias religiosas. Muchos de nosotros nacimos en cámaras cerradas y claustrofóbicas, e incluso más morimos en cámaras tan claustrofóbicas y pequeñas; por lo tanto... Se podría decir que, para nosotros, esclavos que nunca debíamos poner un solo paso fuera de las instalaciones, la enorme puerta de hierro por la que periódicamente entraban y salían los suministros era El Fin Del Mundo, tal como lo conocíamos, y ni siquiera es una metáfora.
Era una escena demasiado fácil de imaginar. Hombres y mujeres de todas las edades y creencias miraban fijamente la enorme puerta de hierro, conscientes de que existía un mundo más allá, pero que jamás podrían cruzarla para descubrir cómo era ese mundo exterior, lo cual los sumía en la desesperación. E incluso si de alguna manera lograran atravesarla, instintivamente sabían que no podrían hacerlo, porque lo único que les esperaba al otro lado de esa puerta era una muerte segura.
Los sujetos de prueba de mayor edad probablemente aún recordaban cómo era el mundo fuera de las instalaciones antes de ser secuestrados y llevados allí, pero todos los niños que nacieron en esas instalaciones y crecieron allí solo conocían ese “mundo exterior” por historias y rumores, creyendo que lo que tenían a su alrededor era todo su mundo, y sin embargo, cuando se acercaba el momento de su muerte, no pudieron evitar sentir una tristeza abrumadora por no haber podido ver ni una sola vez cómo era ese “mundo exterior”, aquello de lo que hablaban con lágrimas en los ojos aquellos mayores y más sabios que ellos.
—Para serte completamente sincera, yo también era así. Por mucho que anhelara lo que estaba escrito en los libros que leía, por mucho que me enamorara de ello, no me permitían cruzar esa puerta de hierro. Para todos los que estuvimos allí retenidos, esa puerta de hierro era el símbolo de la desesperación y la desesperanza absolutas, así como de “El Fin de Nuestro Mundo”... Pero ahora que lo pienso, quizás también fue un símbolo de esperanza para nosotros, porque al final, alguien derribó esa puerta y la atravesó para salvarme, como un héroe.
—...
Esas no eran las palabras que Izayoi quería oír de ella. Apartó la mirada, apretó los dientes y los puños con todas sus fuerzas antes de negar con la cabeza con vehemencia.
—¡Héroe mis narices! Ni siquiera pude ayudarte, ¿así que qué clase de héroe soy?
—Sí, es cierto que no pudiste ayudarme... Pero hiciste mucho más. Me salvaste y me demostraste que el mundo es un lugar verdaderamente infinito donde nada es imposible si tienes la voluntad y la fuerza para lograrlo. También gracias a ti pude ver muchos más paisajes y lugares con los que antes solo podía soñar... y por eso está bien. Ya has hecho suficiente, Izayoi.
Con una sonrisa en el rostro, Ishi salió del agua, pasó junto a Izayoi y regresó al auto sin mirar atrás. Sintiendo la necesidad de quedarse un rato más en la playa, Izayoi se quedó allí, contemplando el cielo, y luego cerró los ojos lentamente. Esa fue la primera y última vez que habló con Ishi sobre la venganza.
Doce días después, su estado de salud empeoró drásticamente e Ishi falleció tras caer en coma. Finalmente, ella e Izayoi se separaron en silencio, sin poder intercambiar palabras significativas y sin poder cambiar nada para mejor.
—...
Aún hoy, a veces se pregunta si aquello fue realmente lo mejor, o si podría haber hecho algo más por ella. Sin embargo, si hay algo que quedó grabado en su memoria y en su ser, sin duda fueron las palabras que Ishi pronunció aquel día en aquella playa.
Para ella, “El Fin Del Mundo” era sinónimo de una puerta imposible de cruzar para los humanos. Un muro infranqueable que solo aquellos con la fuerza y la voluntad necesarias podían escalar... O derribarlo. Desde lo más profundo de su corazón, Ishi creía que Izayoi, quien logró salvarla atravesando “El Fin Del Mundo”, lo hizo superando los límites de las posibilidades humanas.
... Había muchos dolores inolvidables en su corazón. Podría haber elegido vivir el resto de su vida dedicándola a la venganza y guardando rencor contra quienes la habían ofendido, pero terminó enterrando esos sentimientos en lo más profundo de su ser, llevándolos consigo en su último viaje sin matarlos, pero al mismo tiempo impidiendo que volvieran a aflorar. Puede que no haya vivido mucho tiempo, pero nadie puede negar que la vida que vivió fue fuerte y pura. El hecho de que alguien como ella, indudablemente más débil que Izayoi, viviera su vida con más intensidad de la que él jamás hubiera podido soñar, lo hizo reconsiderar seriamente la forma en que había vivido su vida hasta entonces, así como su perspectiva general sobre ella.
Hoy, cada vez que recuerda a Ishi, solo ve a la chica que estaba de pie bajo los rayos del sol, sonriendo de oreja a oreja. Si ese era su objetivo desde el principio, entonces Izayoi debía admitir que lo había derrotado por completo, pero solo por esta vez no tenía inconveniente en admitir la derrota, porque, en el gran esquema de las cosas, era una derrota que, al mismo tiempo, se sentía como la mayor victoria.
Por eso, Izayoi podía afirmar con absoluta certeza que jamás olvidaría a Ishi mientras viviera. Porque fue ella quien le abrió los ojos a una verdad muy simple, pero a la vez tan difícil de comprender: que incluso las cosas que no consideramos valiosas tienen su propio valor. También gracias a sus palabras, la posibilidad de un futuro en el que Izayoi Sakamaki usara su inmenso poder para destruir el mundo entero, impulsado por la ira y la venganza, murió en su interior aquel día, en aquel momento en que estaban juntos a la orilla de aquella playa.
—........
Pero aun así... Todavía había momentos en que no podía evitar pensar: ¿qué habría pasado si su sonrisa se hubiera nublado por la oscuridad, e Ishi hubiera expresado su deseo de venganza? Si hubiera pronunciado una sola palabra llena de rencor y odio hacia aquellos que la condenaron a vivir una vida tan corta y limitada... Y si Izayoi hubiera cumplido su intención original de convertirse en un ángel de la muerte en nombre de Ishi.
❄️❄️❄️
De pie en el charco de sangre en que se había convertido el suelo, Izayoi se sentía como aturdido.
—Vaya, vaya, eso también fue bastante llamativo, no crees, ¿eh?
Empujando los restos de la puerta destrozada que apenas colgaban de sus bisagras, Canaria llamó al ensangrentado Izayoi.
Han pasado tres semanas desde la muerte de Ishi, seguida de la misteriosa desaparición de Izayoi. Si bien no era raro que desapareciera de vez en cuando, esta era la primera vez que Canaria no lograba localizarlo durante tanto tiempo. Pero una sola mirada al cadáver ensangrentado a los pies de Izayoi bastó para que Canaria atara cabos, y así, solo suspiró levemente.
—Así que tu objetivo esta vez eran los contrabandistas y traficantes responsables de llevar a los albinos negros a los caníbales, ¿eh? Menos mal que ya los habíamos identificado de antemano, y si queríamos erradicarlos y detener sus operaciones, un ataque preventivo era sin duda lo más inteligente, pero... ¿Era realmente necesario matarlos a todos de una forma tan espantosa? ¿Te das cuenta de que incluso si los mataras ahora, no tendría un gran impacto en sus operaciones ni en la forma en que las llevaban a cabo? Es decir, los mismos procedimientos que has detenido ahora podrían reanudarse en el futuro, ¿no? Al fin y al cabo, la guerra no va a terminar solo porque hayas matado a todos los enemigos, ¿sabes?
“La guerra no va a terminar solo porque hayas matado a todos los enemigos”. Algún día, Izayoi comprendería el verdadero significado de esas palabras en toda su crudeza, pero ese día no llegó. El día en que terminó de matar a todos los responsables de la propagación de la carne de albino negro por todo el mundo, aún carecía de la inteligencia y la agilidad mental necesarias para comprenderlo por completo.
En ese momento, Izayoi simplemente se limpió la sangre de la cara con el dorso de la mano y luego miró con desprecio y asco el cadáver que hacía apenas unos instantes aún estaba vivo.
La razón por la que no respondió a las palabras de Canaria fue porque ella resumió a la perfección todo su plan y las intenciones que lo impulsaban. Inicialmente, incluso quería hacer exactamente lo que Canaria le había dicho y dejar con vida al menos a algunos de los contrabandistas, traficantes y corredores después de dejarlos casi muertos a golpes, para que sirviera como testimonio viviente de lo que les sucedería a quienes intentaran hacer algo similar en el futuro. Pero entonces algo sucedió. Algo que finalmente le dio el impulso que necesitaba para dejar de ser misericordioso y mandarlos a todos en un viaje a toda velocidad al infierno.
Durante un rato, tanto Izayoi como Canaria se quedaron allí parados sin decirse ni una palabra, pero al final fue Izayoi quien abrió la boca primero.
—... “¡Sálvenme! ¡Por favor! ¡Perdóname la vida!”. Decían cosas así mientras yo los golpeaba.
—... ¿Hmm?
—“¡Ayúdenme! ¡No me mates! ¡No quiero morir todavía! ¡He cambiado de opinión! ¡A partir de mañana, viviré una vida buena y honesta, lo juro! ¡¡¡¡Solo no me mates......!!!!” Todos decían cosas así. Este tipo de aquí, al que maté antes que, a él, así como a todos los demás antes que a estos dos. La misma canción, persona diferente, una y otra vez, como un disco rayado.
Izayoi confesó con voz temblorosa, sin dejar de mirar el cadáver que, con lágrimas en los ojos, le suplicaba que no lo matara. Si Izayoi hubiera sido él mismo, jamás se habría atrevido a imitar los lamentos y súplicas de los muertos como acababa de hacer. En cambio, lo habría relatado con indiferencia, manteniendo el mínimo respeto por quienes ya no estaban en este mundo. Pero en ese momento, Izayoi no era él mismo.
Mató a todos los humanos relacionados con el criadero de albinos negros, y no lo hizo mientras ellos desconocían el motivo de su visita. Los mató solo después de que comprendieron por qué los estaba golpeando brutalmente hasta convertirlos en una masa sangrienta y le suplicaron que les perdonara la vida.
—Sé que probablemente sea inútil preguntar sobre ello después de que el hecho ya se haya cometido... Pero, ¿alguna vez intentaste perdonarlos y simplemente marcharte sin matarlos?
—Para serte completamente sincero... No lo sé. Quiero decir, sé que al principio no quería matarlos a todos, pero luego empezaron a suplicar por sus vidas a pesar de que sabían perfectamente que no tenían derecho a hacerlo, y algo... Simplemente se me ocurrió, ¿sabes? Si no hubieran suplicado por sus vidas, tal vez los habría dejado ir con solo romperles todos los huesos, pero una vez que empezaron a rogar y a postrarse ante mí, todo terminó para ellos.
Mientras miraba sus manos, ahora completamente empapadas de sangre, Izayoi recordó todas las vidas que había arrebatado. Aparte de suplicarle con todas sus fuerzas que no las matara, todas sus víctimas tenían algo en común: sus rostros moribundos eran espantosos. No les quedaba orgullo ni dignidad, solo un miedo primitivo y animal que las retorcía en el momento en que comprendían que no había escapatoria posible del castigo que les aguardaba.
Con solo recordar todos esos rostros distorsionados por el miedo a perder sus propias vidas después de haber sido cómplices de un asesinato en masa a una escala mucho mayor, Izayoi sintió que su estado de ánimo empeoraba de inmediato y que todo su cuerpo se volvía terriblemente pesado, hasta el punto de que le costaba mantenerse en pie.
—“¡Ayúdenme!”.... “¡No me mates!”... “¡No quiero morir todavía!” ... Esas fueron las palabras que me gritaron mientras me rogaban que no los matara... ¡¡¡¡¡¿Pero Ishi y los otros niños de esa instalación les rogaron que no les hicieran lo mismo, con las mismas palabras?!!!!! ¿¿¡¡¡¡Y alguna vez escucharon!!!!?? ¿¿¿¡¡¡¡¡¡Se detuvieron siquiera un momento a pensar en lo que estaban haciendo y darse cuenta de que estaban haciendo lo incorrecto!!!!!!??? ¡¡¡¡¡¡NO LO HICIERON!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TODO LO QUE LES IMPORTABA TODO ESTE TIEMPO ERA LLENARSE LOS BOLSILLOS CON DINERO A CUESTAS DEL SUFRIMIENTO DE LOS DEMÁS!!!!!!!!!!
Gritó apretando los puños con tanta fuerza que sentía que iban a romperse. Nadie quiere morir. Esa es una verdad universal aplicable a todos los seres humanos.
“Sálvenme”. Ante la perspectiva de una muerte inminente, todos tienden a pronunciar estas palabras o alguna variación de ellas. Si Ishi no las hubiera dicho con su voz débil, es posible que Izayoi ni siquiera hubiera escuchado sus gritos de auxilio y hubiera abandonado las instalaciones tras asesinar a todos los presentes, dando por sentado que no quedaban supervivientes.
Si Izayoi fuera realmente tan especial y heroico como Ishi creía, no habría matado a todas esas personas sin escuchar sus súplicas de ayuda, ridiculizándolas y despojándolas de su dignidad humana al instante siguiente.
Si hubiera tenido la bondad y la decencia que Ishi creía poseer, los habría escuchado.
Si tan solo hubiera tendido la mano y ayudado al menos a una persona que le suplicaba que no la matara y hubiera ignorado todas las atrocidades que ha cometido o en las que ha ayudado a otros a cometer... Entonces tal vez no se sentiría tan atormentado ahora mismo.
Pero cuando los responsables del sufrimiento de los albinos negros repitieron exactamente las mismas palabras que pronunciaban mientras los explotaban para extraerles los órganos y la carne, Izayoi sintió que, si los perdonaba y se marchaba ahora, estaría pisoteando las vidas de aquellos que habían sido condenados al infierno de ese centro, del mismo modo que lo habían hecho todos esos pecadores a los que estaba matando.
—Sé que actué impulsado por mis sentimientos, y que estuvo mal. Pensé que podría ser como Ishi y pasar por alto todos sus pecados y transgresiones, ¡y olvidarme de la venganza! Pero la verdad es que siempre quise matarlos. ¡No pude perdonarlos ni alejarme después de todo lo que hicieron! ¡No pude hacerlo, Canaria!
Tras conocer a Canaria y luego a Ishi, Izayoi sintió que por fin había encontrado la manera de usar su poder correctamente. Pensó que, mientras siguiera luchando por quienes necesitaban ser salvados y protegiendo a los oprimidos, su poder no sería en vano, incluso en esta época. Pero, la verdad es que... Se dio cuenta demasiado tarde. Ahora que ya era demasiado tarde para usar su poder en beneficio de quien más lo necesitaba, lo utilizó para la violencia y su venganza personal.
Sin embargo, Canaria simplemente se acercó a él y lo abrazó con fuerza sin decir nada, a pesar de que todo su cuerpo estaba cubierto de sangre. Fue un gesto tierno, como el de una madre que abraza a su hijo.
—Me alegro mucho. Si hubieras venido aquí solo para matar a esas personas por tu propia venganza egoísta, habría tenido que detener tu furia, aunque eso significara poner tu vida en peligro. Pero me alegra ver que conocer a Ishi parece haber despertado algún tipo de revelación personal en ti.
—A pesar de que... ¿A pesar de que siento que esta vez he perdido el control?
—Sí, lo perdiste, pero tu razón para hacerlo es diferente de lo que crees. No alzaste los puños contra estas personas por ira ni por venganza. Tú mismo lo dijiste: no viniste a ellos para castigarlos por su maldad, sino para juzgarlos por los pecados que han cometido. Y aunque estas dos razones puedan parecer similares, son fundamentalmente diferentes. Por eso, todo está bien. Aún no te has convertido en el “Enemigo del Mundo”.
Canaria abrazó a Izayoi aún con más fuerza. Suponía que lo peor podría haber sucedido, pero afortunadamente se equivocaba. Cuando dijo que tendría que detenerlo, aunque eso significara poner su vida en riesgo, no era una metáfora. Si resultaba que el encuentro con Ishi había transformado a Izayoi hasta convertirlo en un monstruo, Canaria estaba preparada para usar todos los medios a su alcance para impedir que destruyera el mundo entero en su estado de furia. Pero, por suerte, esa crisis en la que Izayoi se habría convertido en una calamidad andante y una encarnación de la muerte y la destrucción parecía haberse evitado, y eso hizo que Canaria sintiera un verdadero alivio. Y mientras le devolvía el abrazo a Canaria... Izayoi se dio cuenta de que ese era el final del viaje del que ella había hablado.
—Aunque no encontramos a nadie más como yo, todos nuestros viajes han sido increíblemente divertidos. El estrecho de Gibraltar, las cataratas del Iguazú... Todos estos lugares que visitamos juntos nos brindaron una experiencia inmensamente valiosa.
Cuando era más joven, Izayoi era tan inmaduro que no encontraba ningún valor en los lugares que visitaban ni en los paisajes que veía. Pero incluso si allí no había monstruos ni El Fin Del Mundo, eso significaba que esos lugares, por sí solos, eran mucho más inspiradores.
El propósito de todos sus viajes era que Izayoi encontrara la manera de vivir en esta era, ahora que se había asegurado de que no usaría sus poderes para fines malvados, ni se dejaría dominar por la ira y el arrepentimiento durante el resto de su vida... Y eso significa que el propósito de su viaje junto con Canaria se había cumplido con éxito. Sin embargo, aún quedaba un asunto pendiente.
—Canaria. No me importa que nuestro viaje termine así, pero, aun así, todavía hay gente de la que tenemos que deshacernos.
—......... ¿Aquellos que compraban la carne y los órganos de los albinos negros?
—Sí, no se les puede permitir vivir bajo ninguna circunstancia. Mientras siga existiendo demanda, este tipo de incidentes continuarán ocurriendo. Y para colmo, parece que entre los compradores hay importantes personalidades de varios países. Y como estarán protegidos por la ley y el sistema judicial...
... Entonces matarlos es la única opción, eso es lo que Izayoi intentaba decir.
Ante esta sugerencia tan indirecta, Canaria miró a Izayoi con expresión inexpresiva.
—Izayoi. Aunque mates a todos los culpables, la guerra no terminará. No hasta que elimines los pensamientos y costumbres que la originaron. Ese es un pecado arraigado en toda la civilización humana de esta era. Y a menos que todos tomen conciencia de esos pecados para poder ser juzgados debidamente, exterminarlos a todos no servirá de nada… Pero quizás tengas razón. En todo caso, podría darnos más tiempo y evitar que ocurran incidentes similares en el futuro.
Una mirada fría apareció en los ojos de Canaria mientras decía esas cosas. Parecían penetrantes y despiadadas, totalmente diferentes a su mirada habitual. Era la primera vez que Izayoi la veía así, y un escalofrío le recorrió la espalda.
—Ahora todo va a estar bien. Los juzgaré con mis propias manos. Les mostraré que un infierno fuera del ciclo de la reencarnación, uno peor incluso que el que Dante describió en su poema, puede existir en este mismo mundo. Por eso… Deberías descansar ahora, Izayoi. Y cuando despiertes de tu sueño, te prometo que esta pesadilla habrá terminado.
Izayoi sintió que sus párpados se cerraban y su consciencia se desvanecía, probablemente debido al agotamiento físico y mental de las últimas semanas. A medida que se sumergía más y más en el mundo de los sueños, dejó de ver y oír a Canaria, y pronto se quedó completamente dormido.
—Izayoi. Aún eres joven y tienes toda la vida por delante. Y estoy segura de que algún día, en algún lugar, alguien estará esperando que uses tu poder para ayudarle.
Por lo tanto, asumiré la responsabilidad de juzgar el mal que se ha introducido en este mundo.
Al soltar a Izayoi de sus brazos, Canaria se fijó en la lista de compradores que debía tener el corredor al que Izayoi había matado y la recogió del suelo mientras la examinaba con ojos tranquilos y fríos.
Y entonces, cinco días después, cuando Izayoi despertó de nuevo, se enteró de que realmente no quedaba nadie con vida de entre todas las personas a las que todavía pretendía atacar, pero a las que no tuvo la oportunidad de hacerlo.
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