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Traductor: Radak
Corrector: Radak
CAPÍTULO 7
—......... Y creo que con esto cubre todo lo que ocurrió entre nosotros y Hércules. Ahora bien, ¿tienes alguna otra pregunta? Si es así, intentaré responderla lo mejor que pueda.
Krishna preguntó con una sonrisa en su... O, mejor dicho, en el rostro de Hércules. Seguramente era su naturaleza hablar siempre de las cosas con detalle y con la mayor precisión, pero en cuanto a Izayoi y Homura, estaban lejos de estar felices y optimistas después de terminar de escuchar la historia de Krishna. Ambos quedaron atónitos, aunque por diferentes razones. Simplemente se miraban el uno al otro en completo silencio y desconcierto, pero después de un rato, fue Izayoi quien rompió ese doloroso silencio abriendo la boca para hacer una de las preguntas que lo habían estado atormentando desde que escuchó una de las declaraciones más impactantes de Krishna al relatar su encuentro con Hércules.
—......... Krishna. ¿De verdad eres uno de los miembros fundadores de la “Alianza de Señores Demonio Uroboros”?
—Sí. Aunque actualmente estoy sellado tras ser derrotado por Kalki, creo que aun así está bien que me considere así. ¿Eso es todo? ¿O quizás tienes alguna otra pregunta?
Su voz era perfectamente serena y virtuosa. No encajaba en absoluto con su musculoso cuerpo ni con sus feroces expresiones faciales, que sin duda desconcertarían a cualquiera que lo viera en ese momento. Era como si su voz estuviera envuelta en una atmósfera solemne y sagrada que parecía emanar no de su cuerpo, sino directamente de su alma.
Sin embargo, ese tipo de comportamiento era absolutamente lo peor.
Izayoi comprendía perfectamente por qué Hércules actuaba como lo hacía. Sabía que su ira hacia Krishna era justa, porque él también sentía lo mismo. En ese preciso instante, aunque Izayoi pareciera tranquilo y sereno, la verdad era que por dentro ardía de rabia e indignación, tan fuertes como las que Hércules debió sentir, o quizás incluso más. De todos modos, sabía que al menos había otra persona que sentía rabia por la injusticia que habían sufrido las muchachas albinas.
Y sin embargo...
El hombre que tenía delante no era ese héroe al que Izayoi respetaba por su convicción. Ese hombre no era más que un canalla que le había arrebatado su cuerpo y su dignidad a aquel maravilloso héroe. Tenía tantas ganas de competir contra él, pero ahora le habían arrebatado esa oportunidad antes incluso de que pudiera aprovecharla. Y precisamente por eso, dirigió sus siguientes palabras hacia él.
—¡Ja! Así que se supone que eres el llamado “Avatar de la Salvación”, ¿eh? ¿No es ridículo? ¡Porque a mí me sorprende muchísimo oír eso! Pensaba que era imposible que alguien como tú estuviera afiliado a “Uroboros”, pero después de escuchar lo que tenías que decir, debo admitir que puedo verte perfectamente siendo amigo del perdedor de Arjuna, el Rompejuramentos. Probablemente crees que afirmar que estás dispuesto a detener la destrucción de la humanidad sin importar el costo te hace especial, pero la verdad es que dices y haces lo que haces solo para satisfacer tu propia hipocresía.
—¿Eh? La forma en que esas palabras blasfemas salen de tu boca... Hablas como si creyeras que me conoces bastante bien.
—Oh, te conozco bien. Krishna, de quien se dice que surgió el concepto original de “Salvador”... También se dice que fuiste el modelo del rey David del Antiguo Testamento de la mitología hebrea, así como el dios solar nativo de la mitología india. Según una de las teorías más populares, también se decía que solías enfrentarte a Indra, quien era el dios de la guerra más poderoso de la época.
Se trataba de un mito registrado en “Aryan” (La Gran Migración de los Nobles), que supuestamente tuvo lugar alrededor del año 1500 a. C. Según este relato, los Arios, término que los indoiraníes, de la antigua India utilizaban para autodenominarse, quienes veneraban el “Rigveda”, una colección de antiguos himnos védicos en sánscrito, emprendieron una gran migración desde su tierra natal en Asia Central hacia el Norte, el Sur, el Este y el Oeste, donde se establecieron, mezclándose con los nativos de las tierras a las que llegaron y mezclando su sangre con la suya. Sin embargo, existe otra interpretación de esta migración, que sostiene que la mítica batalla entre el dios de la guerra Indra y el dios del sol Krishna fue en realidad una guerra indirecta que representó el conflicto entre los pueblos indígenas y los extranjeros.
Al oír las palabras de Izayoi, Krishna alzó la vista hacia el cielo nocturno y sonrió con nostalgia.
—Si de verdad crees que me conoces tan bien, permíteme contarte otra historia, una nostálgica de tiempos lejanos… Sí, tienes razón al decir que hubo un tiempo en que mi espada se enfrentó a la de Indra. En aquel entonces, él ya era el dios de la guerra más poderoso de todo el panteón indio y aspiraba al título de Rey de los Dioses. Yo era, de hecho, el último enemigo al que tuvo que vencer para conseguir ese título. Más tarde, tras descender del reino divino al mundo terrenal, conocí a Arjuna durante una de las muchas batallas en las que participé, lo que marcó el comienzo de nuestra amistad de por vida.
—¿Hmm? ¿Así que dices que fuiste amigo de Arjuna durante su vida? Entonces, dime algo. La leyenda de Arjuna cuenta que, a pesar de ser un guerrero formidable, también mató a mucha gente y cometió diversas atrocidades junto con sus compañeros de armas a lo largo de su vida, asesinando a sus hermanos, a sus maestros e incluso a ancianos. ¿Participaste también en todas esas transgresiones que cometió? ¿O quizás fuiste tú quien orquestó todas sus maldades?
Izayoi miraba a Krishna con gran desprecio. Pero Krishna, en respuesta, solo sonrió mientras le devolvía la mirada con sus ojos serenos y tranquilos.
Arjuna y Krishna: dos grandes héroes de la mitología india. Ambos fueron compañeros de armas que se salvaron mutuamente la vida durante la guerra más famosa y sangrienta descrita en el Mahabharata. Pero, aunque se la llamó guerra y muchos soldados perdieron la vida en ella, conceptualmente sería mejor llamarla una versión prototípica de un Juego de Dones, en el sentido de que la batalla se libró según un conjunto de reglas, tales como:
Regla n.° 1: Matar civiles y personas que no sean guerreros de los ejércitos contrarios está estrictamente prohibido.
Regla n.° 2: Los miembros de terceros tienen prohibido matar a individuos que ya participan en un combate uno contra uno.
Regla n.° 3: Las actividades militares solo se pueden llevar a cabo desde el amanecer hasta el anochecer.
Regla n.° 4: Golpear la espalda expuesta del enemigo y la zona de la ingle está estrictamente prohibido.
Regla n.° 5: Matar a aquellos que han perdido la voluntad de luchar y suplican por su vida está estrictamente prohibido.
Regla nº 6: Respeten la vida de los demás durante la noche, beban alcohol y fortalezcan la amistad con sus compañeros.
Estas son solo algunas de las reglas que conformaban los “mandamientos” según los cuales se libraron las guerras del “Mahabarata”. Puede parecer algo sacado directamente de un cuento idealista o un libro de fantasía, pero en realidad es un concepto que ha perdurado hasta la era moderna, donde existen diversas restricciones a la guerra para garantizar que ambos bandos del conflicto se rijan por los mismos principios y que la pérdida y destrucción de vidas humanas se reduzcan al mínimo necesario. Si todas esas reglas se hubieran implementado y respetado de forma continua, no solo en los albores de la humanidad y en la era prehistórica, sino también a lo largo de toda la historia, sin duda habrían tenido un impacto mucho mayor en la religión, los mitos y el concepto de guerra tal como se concibió en el futuro.
Lamentablemente, no fue así.
Porque, por muy buenas que fueran las intenciones de quienes crearon esas reglas, al final, todas acabaron rompiéndose tarde o temprano, por una razón muy simple: cuando el campo de batalla acaba convirtiéndose en una cloaca empapada de sangre, violencia, violaciones y muerte, a casi nadie le importará respetar las reglas de los contratos ni preocuparse por recibir las sanciones por romperlas.
—Con el pretexto de defender la justicia, obligaste a Arjuna a matar a su archienemigo, Karna, de la forma más deshonrosa posible, haciéndole quebrantar una de las reglas establecidas de la guerra, lo que resultó en que perdiera su título de “Héroe de los Dotados” y se convirtiera en el “Héroe Rompejuramentos”. ¿Pero sabes qué? Tú eres tan Rompejuramentos como lo hiciste ser a él... No, pensándolo bien, eres incluso peor que él, porque siempre que había guerras en la mitología india, estabas en medio de todo el caos y la violencia que traían consigo, tramando tus malvados planes.
—Tienes razón, siempre ha sido así. Y aun ahora que me he manifestado en el Pequeño Jardín, me veo obligada a mantenerme ocupado vigilando tantas batallas inútiles… A decir verdad, es un esfuerzo tan tremendo que lo único que deseo es descansar y sumergirme en los brazos de un sueño reparador. Así de tediosa es esta tarea.
Negó con la cabeza sonriendo mientras decía eso.
Izayoi simplemente miró fijamente a Krishna sin dejarse engañar por sus falsas pretensiones. Dado que Krishna admitió que Izayoi tenía razón en su evaluación, no cabía duda de que este intrigante héroe malvado era, en efecto, uno de los miembros fundadores de “Uroboros”. Pero incluso siendo ahora un héroe malvado, seguía siendo, sin lugar a dudas, un Salvador. Dejando de lado las circunstancias que lo habían llevado de un papel tan noble a uno tan vil, Izayoi recordó cada batalla contra “Uroboros” que había librado hasta entonces, lo cual le causó una profunda incomodidad.
—......... ¡Hmpf! De cualquier manera, no estamos obligados a ayudar a “Uroboros” de ninguna forma, y francamente, jamás lo haría ni aunque me lo suplicaras de rodillas. Puedes intentar llevarte a las chicas albinas, pero las protegeremos de ti pase lo que pase. Así que, si eso era todo lo que querías decir, puedes largarte y cerrar la puerta al salir.
—Por mucho que me hubiera gustado hacerlo, me temo que ya no es una opción. Entiendo que tienen todo el derecho a dirigir su hostilidad hacia nosotros, pero esta vez la están canalizando mal, porque claramente ha habido un malentendido por su parte. Yo tampoco quiero hacerlo. Si fuera posible, preferiría no lastimar a esas dos chicas, pero lo que está sucediendo ahora es una clara irregularidad histórica sin precedentes, así que, aunque nos cause un gran dolor, alguien tiene que tomar las medidas necesarias para corregirlo…
—....... ¿Cualquier medida necesaria para corregirlo? ¡¿De qué demonios estás hablando?!
De entre todos los que se encontraban en el edificio, el único que interrumpió las palabras de Krishna alzando la voz a pesar de temblar por completo fue el propio Homura.
—¡Me importa un pepino tu razonamiento!
Su rostro estaba tan azul que, a pesar de sus intentos por mostrarse fuerte, parecía que iba a desmayarse y caer al suelo en cualquier momento. Todos podían ver claramente que esta debía ser la primera vez que el niño se veía en una situación así y que definitivamente no estaba acostumbrado a estar cerca de deidades con auras tan intensas. Apretó el puño y señaló con el dedo tembloroso hacia Krishna, respirando con dificultad mientras formulaba la pregunta más importante que tenía en mente en ese momento.
—¿Cuántos años va a tardar?
—.........¿¿¿??? ¿Cuántos años va a tardar qué, muchacho?
—¡No te hagas el tonto conmigo! ¡¡¡Te pregunto cuántos años tardará en producirse la erupción catastrófica y exactamente en qué país va a ocurrir!!!
Con el corazón latiéndole a mil por hora, Homura le lanzó todas esas preguntas a Krishna en un intento por calmarse. Proteger a las chicas albinas seguía siendo importante para él, pero como investigador, Homura necesitaba la confirmación absoluta de si aquel hombre que tenía delante sabía cuándo y dónde iba a ocurrir la catástrofe. Siendo un simple mortal, era comprensible que entrara en pánico ante la visión de un cataclismo incomprensible, ya que para los humanos, el miedo a lo desconocido es una reacción natural. Sin embargo, incluso en esa situación, seguía esforzándose al máximo por procesar toda la información que había podido recopilar, con la esperanza de encontrar una solución, siendo dolorosamente consciente de la delgada línea que separaba lo posible de lo imposible.
Borrando la sonrisa de su rostro, Krishna miró a Homura con los ojos llenos de una luz melancólica.
—...Ya veo. Así que eres el científico que actualmente lucha en la primera línea del campo de batalla conocido como la investigación de los Cuerpos de Partículas Estelares. Ahora que sabes que tu investigación está destinada a salvar al mundo, entonces, por supuesto, es imperativo que conozcas la fecha límite exacta para completar tu trabajo y así evitar un futuro en el que la humanidad se enfrente a una ruina segura... Y prepárate para cometer un pecado para lograrlo, tal como yo tuve que hacerlo tantas veces. Muy bien, entonces, te diré lo que quieres saber.
Su voz era fría, desprovista de calidez. Cuando Krishna hablaba de hechos y verdades históricas, su voz adquiría un tono diferente, casi inorgánico.
—La destrucción de la humanidad... Ocurrirá dentro de quince años. La Aorta de la Estrella será destruida, y cuando eso suceda, la estrella azul se transformará en una estrella de la muerte. Y ustedes dos, hermanos, han sido elegidos para resolver ese asunto.
Tenían quince años más para
evitar que la humanidad se enfrentara a una ruina segura... Estas palabras
dejaron a Homura e Izayoi más impactados que nunca.
—¿Q-Quince
años...? ¿¡¿Hablas en serio?!? ¡¡¡No nos jodas, bastardo!!!
Era perfectamente comprensible que incluso alguien como Izayoi se quedara perplejo tras escuchar semejante noticia. Porque, se mire por donde se mire, cumplir con semejante plazo es simplemente imposible. El problema al que se enfrentan es el que empezó mucho antes de que comenzara la investigación sobre los Cuerpos de Partículas Estelares, ¡¿y de repente dice que solo tienen quince años para encontrar una solución que le ponga fin de forma definitiva?!
Si querían llevar a cabo el plan de construir la Torre de Control Ambiental, una gran estructura que llegaría hasta la atmósfera terrestre para distribuir uniformemente los Cuerpos de Partículas Estelares por todo el mundo, primero tendrían que resolver una gran cantidad de problemas menores. Estos problemas incluían obtener la aprobación de todos los países del mundo, lograr un alto el fuego en todos los conflictos locales en las zonas donde se construirían las torres y lidiar con las quejas irracionales de las principales religiones del mundo, que sin duda tendrían sus propias preocupaciones “espirituales” con respecto a los Cuerpos de Partículas Estelares y su implementación.
Y luego también había que tener en cuenta cosas como los márgenes de beneficio y la superioridad aérea de cada país, y todos esos problemas debían resolverse antes incluso de que pudieran empezar a construir la maldita torre.
Por supuesto, la opción de anunciar abiertamente que el mundo tal como lo conocíamos iba a terminar en quince años era totalmente impensable, ya que lo único que se lograría sería sumir al mundo entero en el pánico y provocar no solo problemas geopolíticos y económicos, sino también un aumento considerable de disturbios y terrorismo. E incluso si todos esos problemas se resolvieran milagrosamente sin generar otros nuevos, el tiempo real que quedaría para la construcción y finalización de la Torre de Control Ambiental sería, en el mejor de los casos, de apenas uno o dos años.
—¡¡¡¿Has perdido completamente la cabeza, maldito imbécil?!!!......... ¡¿Cómo diablos esperas que solo nosotros dos logremos semejante tontería?! ¡¡No me importa lo que pienses de nosotros, pero simplemente estás pidiendo lo imposible!!
—¿“Solo nosotros dos”? Oh no, por favor, no me malinterpreten. Si bien dije que “ustedes dos, hermanos, han sido elegidos para resolver este caso” citando mis propias palabras, nunca dije que deban emprender esta tarea monumental solos, o solo ustedes dos. Si no me equivoco, algunas instituciones nacionales y grupos religiosos ya están en marcha, tratando de encontrar sus propias soluciones para arreglar este problema de una vez por todas, como el que creó al “Toro del Cielo” y preparó a su anfitrión. Por mi parte, todo debería estar en orden para ustedes siempre que garanticen que el trabajo en la Torre de Control Ambiental se complete a tiempo o incluso más rápido. Hagan lo que consideren necesario, derramen tanta sangre como sea preciso, obliguen a trabajar para ustedes a quien quieran... Siempre que sigan esa línea de razonamiento, les puedo garantizar personalmente que la investigación y el trabajo necesario terminarán antes de que se den cuenta. Y en cuanto a cualquiera que se interponga en el camino para que terminen su tarea, como los nativos de este continente...... Simplemente deberían ser asesinados.
Dijo Krishna con una suave sonrisa y un tono de voz que parecía el de alguien que consolaba a niños afligidos. ¿Así que este hombre estaba tan desquiciado que consideraba al “Toro del Cielo”, una calamidad andante que destruyó un millón doscientas mil hogares al pasar sobre ellos, como un medio perfectamente razonable para un fin? Ahora que había visto de primera mano qué tipo de ideología y forma de pensar representaba Krishna, una sola idea comenzó a arraigarse en la cabeza de Izayoi.
Este hombre... Está mal de la cabeza. Hay que eliminarlo ahora mismo.
Puede que no fuera la primera vez que algo así sucedía, pero ahora más que nunca, Izayoi se dio cuenta de que realmente había personas en este mundo con las que era imposible razonar, por mucho que se intentara hablar con ellas y explicarles las diferencias. Si bien era cierto que no tenían suficiente información para estar completamente seguros de si podían descartar a Krishna o no, lo que había dicho hasta ahora dejaba bastante claro que consideraba su idea la única solución viable al problema de la extinción de la humanidad y que no se retractará de su decisión de seguir adelante con ella, por mucho que intentaran convencerlo. Simplemente no se dio cuenta de que lo que más necesitaban en ese momento era una alternativa. Una alternativa a acelerar el progreso de la investigación de los Cuerpos de Partículas Estelares sacrificando la vida de dos niñas albinas inocentes para lograrlo. Sin embargo, la destrucción de toda la raza humana era algo que superaba con creces las capacidades de Izayoi, y aunque había realizado numerosas simulaciones al respecto durante los últimos tres años, nunca llegó a una respuesta definitiva a la pregunta más importante: ¿qué puedo hacer para detener esto? ¿Cómo se puede resolver un problema tan terriblemente grande con solo una o dos personas que puedan ayudar en esa tarea?
Al ver a los dos chicos con los rostros contraídos por la agonía mientras intentaban desesperadamente encontrar cualquier cosa que pudieran hacer al respecto allí mismo, Krishna apartó la mirada de ellos con una expresión de preocupación en el rostro.
—A juzgar por sus reacciones, puedo ver claramente que lo que dije pudo haber sido bastante... Cruel. Sin embargo, necesito que entiendan una cosa. De lo que estamos hablando ahora, este asunto de suma importancia en la historia de la humanidad... Es un asunto que trasciende los límites entre lo que se puede considerar bueno y lo que se puede considerar malo. Pero ahora veo que sus conciencias aún no están preparadas para cargar con el peso del Pecado Original, y puedo comprenderlo, ya que entiendo perfectamente el sufrimiento de quienes se han visto obligados a tomar decisiones extremas contra su voluntad. Por eso mismo... Estoy dispuesto a encargarme personalmente de esas dos chicas de allí.
Así pues, Krishna comenzó a caminar hacia las chicas albinas inconscientes. En un intento por detenerlo, Izayoi retomó su postura de combate, mientras que el cuerpo de Homura actuó por sí solo antes de que él pudiera siquiera darse cuenta y protegió a las chicas, colocándose detrás de Izayoi con los brazos extendidos a los lados y los pies firmemente plantados en el suelo.
El “Pecado Original” que Krishna mencionó y del que Homura a veces hablaba es un pecado que siempre se discute cuando se habla del derecho a la vida de la humanidad, principalmente: “Si trajera la salvación a la raza humana en su conjunto, ¿sería moralmente aceptable sacrificar la vida de un individuo por el bien común?”. Aparentemente, Krishna pertenecía a la facción que afirmaba que, siempre que significara con seguridad que el resto de la humanidad se salvaría, sacrificar la vida de un solo ser humano sería lo mejor que se podía hacer, e incluso estaba dispuesto a cargar con toda la responsabilidad de matar a las chicas albinas por el bien común de la humanidad, porque, a sus ojos, les estaría haciendo un favor a Homura e Izayoi al asegurarse de que ellos dos no tuvieran que sufrir al quitarles la vida a esas chicas solo para vivir el resto de sus vidas atormentados por una culpa que podría resultar demasiado pesada para ellos.
En ese momento, ambas chicas albinas: la que fue traída aquí antes a petición de Izayoi y la que albergaba a Parashurama en su interior seguían tendidas en las camas improvisadas donde las colocaron cuando Homura les practicó el tratamiento de emergencia, y aún padecían una fiebre muy alta. En el estado en que se encuentran, acabar con sus vidas sería tan fácil como romperle el cuello a un recién nacido.
Con Krishna acercándose a ellas a cada paso, Izayoi y Homura intentaban pensar en cualquier cosa que les permitiera salvar esa situación desesperada y escapar de allí, poniendo a salvo tanto a ellos mismos como a las chicas. Pero incluso cuando obligaban a sus cerebros a procesar información y diversos escenarios posibles a una velocidad que rivalizaría con la de las supercomputadoras más avanzadas del Mundo Exterior, ninguno de los planes que pudieron idear les permitiría lograr el resultado deseado sin sufrir algún tipo de pérdida o hacer algún tipo de sacrificio.
¡¿Cómo puedo solucionar este desastre?!
¡¡¿Qué debo hacer?!! ¡¡¿Qué debo hacer?!!
Su única esperanza en ese momento era pensar en algo que les permitiera afrontar la erupción catastrófica en el futuro sin tener que sacrificar la vida de las niñas ahora mismo, y la invocación del Continente Perdido de la Atlántida al Pequeño Jardín debió tener algo que ver con ello.
Por eso, resolver el misterio de este continente tenía sin duda valor y mérito.
Pero en su situación actual, incluso eso, lamentablemente, no era suficiente. Si querían impedir que Krishna matara a las chicas albinas, y lo único que podían hacer era quedarse de brazos cruzados, necesitaban encontrar una alternativa en ese mismo instante. Una que fuera lo suficientemente convincente como para detener a ese hombre y evitar que les arrebatara la vida a dos chicas inocentes simplemente porque estaba convencido de que esa sería la mejor opción para la humanidad en su conjunto. Una que pudiera lograr más en ese momento que cualquier cantidad de puños alzados.
Si realmente es tal como dice ese hombre y realmente no tienen ni un solo momento que perder y eligen egoístamente impedirle hacer lo que podría ser genuinamente mejor para la supervivencia asegurada de la humanidad, entonces eso significaría que Homura e Izayoi pusieron en peligro la vida de todos los seres humanos que viven ahora en el Mundo Exterior sin ninguna razón plausible más que su propia falta de voluntad para hacer lo correcto, incluso si fuera necesario ensuciarse las manos para lograrlo, y eso debe evitarse absolutamente a toda costa.
Mientras su cerebro gritaba internamente por todo el esfuerzo al que lo estaba sometiendo en ese momento, Homura se mordió el labio inferior y se apretó el pecho con las manos en un intento de evitar que su corazón, que latía rápidamente, se le saliera en cualquier momento debido a la combinación de la conmoción y la enorme cantidad de estrés.
—Tiempo... ¿De verdad no tenemos tiempo para pensar en qué podemos hacer? ¿De verdad tenemos que tomar la decisión ahora mismo? Estoy seguro de que hay otra salida, ¡pero necesito tiempo para pensarlo!
—Eso no existe. Si existiera, lo sabría. Parte de mi divinidad es que poseo la clarividencia, es decir, la capacidad de ver el futuro. Y déjame decirte que no veo ningún indicio de que lo que mencionas sea posible, lo que significa que, en este momento, no existe ningún futuro en el que cualquier aplazamiento de las acciones necesarias conduzca a un final feliz para la humanidad.
—¿No estás dispuesto a darnos una oportunidad por esa razón? ¡Pero si de verdad posees la capacidad de vislumbrar el futuro, entonces debería ser literalmente imposible que alguien tan omnipotente y todopoderoso como los Dioses de todas las mitologías se encuentre con obstáculos aparentemente insuperables en el camino para salvar a la humanidad, porque deberías poder prever cualquier posibilidad de este tipo, sin importar cuántas veces cambien drásticamente las posibles variantes del futuro!
Homura le gritó a Krishna en el cuerpo de Hércules. Después de todo, lo que universalmente se conoce como “Destino” no es más que una colección de información acumulada relativa a todas las variantes de los resultados de un evento específico, lo que significa que no hay solo un futuro posible, sino múltiples futuros posibles, cada uno de ellos dependiente de las acciones realizadas en el pasado que darían como resultado que ese futuro específico fuera elegido como el objetivo.
Se dice que los Dioses de todas las mitologías del mundo crearon diversas pruebas para someter a la humanidad, con el fin de ponerla a prueba, guiarla hacia el futuro deseado y orientar la evolución humana en la dirección correcta. Pero si incluso los Dioses, quienes se supone que lo ven y lo saben todo, tuvieron que recurrir a tales métodos para lograr sus planes y ambiciones, entonces debe existir algún factor desconocido que determine el futuro correcto, algo que incluso los seres que están totalmente fuera del alcance de la comprensión humana desconocen.
Homura miró a Izayoi, luego a las chicas albinas, luego de nuevo a Izayoi y otra vez a las chicas albinas mientras apretaba los dientes hasta el punto de temer que pudieran romperse por la fricción...... Y entonces lo comprendió.
—¡Lo tengo! ¡Logré encontrar una alternativa, así que, por favor, solo un momento! ¡Necesito un poco de tiempo para hablar con el hermano Iza!
Cuando escuchó la desesperada súplica de Homura, Izayoi respiró hondo y lento. Sin embargo...
—¿De verdad eso es todo lo que se te ocurrió? Solo perdiste el tiempo. Qué decepción.
Krishna desestimó la súplica de Homura con un gesto de la mano, afirmando que no era más que una patraña desesperada. Incluso sus ojos reflejaban una profunda decepción. Si realmente creía que lograría algo con ese intento tan barato de engaño, lo mejor sería que huyera con las chicas. Al menos, Krishna podría matarlos a todos por resistirse abiertamente a su plan para salvar a la humanidad de la forma más efectiva posible. Por mucho que los humanos se esfuercen, un plan tan completo y eficaz como para desbaratar incluso los engranajes del destino ya puestos en marcha no se crea tan fácilmente, y ese pensamiento solo aumentó la frustración de Krishna hasta tal punto que ya no pudo ocultarla. Sin pruebas que respaldaran sus afirmaciones, decir que había encontrado una solución alternativa no era más que palabrería vacía. Así pues, Krishna reafirmó su decisión: no importaba lo que ese chico o Izayoi Sakamaki intentaran decirle a partir de ahora, no respondería ni una sola palabra que le dirigieran.
Con un chakram en la mano, Krishna se apresuró entre la brecha de los dos.
—......... Muy bien entonces. Parece que finalmente ha llegado el momento de que me toque trabajar duro.
Una llama lo suficientemente caliente como para quemar incluso la tierra misma apareció de repente a sus espaldas. ¿Desde cuándo escuchaba su conversación con Krishna, y cuánto había logrado oír exactamente?
Detrás de ellos se encontraba la “Destructora de la Injusticia”, de cabello blanco, blandiendo en su mano una lanza de color rojo sangre hecha con la corteza de una estrella. Entonces, el Sexto Avatar, “La Asesina de Héroes” Parashurama gritó con una voz diabólica que resonó en los oídos de todos los presentes.
—Corrómpete, mi estrella...... Atraviésalo...... ¡¡¡¡¡¡{O R I G E N D E B R A H M A S T R A}!!!!!!
Girando la lanza entre sus dedos, “La Asesina de Héroes” la lanzó hacia adelante mientras gritaba la frase de activación. Sabiendo que ser golpeado directamente por ella sería peligroso incluso para alguien con una Divinidad de su nivel, Krishna intentó por reflejo esquivar la punta de la lanza ardiente, pero antes de que pudiera hacer nada, su cuerpo quedó inmovilizado por los hilos que lo envolvieron por completo, impidiéndole cualquier tipo de movimiento.
—¡Khhh...! De Parashurama lo entiendo... ¿Pero tú también, Orfeo? Maldito seas, ¡¿en qué demonios estás pensando...?!
—Lo siento, pero parece que se me ha resbalado la mano. Y todo el cuerpo. ¡Ahora aprovechen esta oportunidad y corran, muchachos!
Orfeo les gritó a Izayoi Sakamaki, Saigo Homura y a la otra chica albina, que seguía gimiendo de dolor. Homura estaba demasiado aturdido para comprender lo que sucedía, pero Izayoi actuó con rapidez y decisión. Agarró a Homura y a la otra chica y saltó del edificio por el agujero que se había abierto en el techo, después se dirigió apresuradamente hacia el bosque cercano.
Ahora que el objetivo de Krishna había escapado y se alejaba cada vez más, debía enfrentarse primero a Parashurama y Orfeo si quería continuar su persecución. Pero en su situación actual, no tuvo más remedio que permitir que Parashurama se acercara y lo lanzara al cielo, donde ella pronto lo siguió.
Ahora que ambos se encontraban en lo alto del cielo sin dañar la ciudad que se extendía bajo ellos, volaron hacia la mitad oriental del continente de la Atlántida en un abrir y cerrar de ojos y luego cayeron de nuevo al suelo. Krishna acabó cayendo al fondo de un acantilado, pero gracias a que poseía el cuerpo de Hércules, un semidiós con uno de los cuerpos mortales más robustos, además de la divinidad que se le había otorgado, no sufrió heridas graves.
Además, aunque Parashurama estaba segura de que su ataque inicial había logrado cubrir todo su cuerpo con llamas, ni siquiera la cantidad de calor que ella consiguió acumular para ese ataque pareció causarle ningún daño permanente. Las cosas habrían sido diferentes si Parashurama aún estuviera en su cuerpo original.
De ser así, incluso podría haberse desatado sin preocuparse demasiado por el daño que se infligiera a sí misma o a su entorno, pero en ese momento el cuerpo de su anfitriona no estaba en condiciones de realizar tales maniobras. En el peor de los casos, podría haberla matado involuntariamente con el calor que {Origen de Brahmastra} generaría durante la batalla.
Mientras tanto, Krishna se levantó del suelo y se puso de pie con la ligereza de un gato, frunciendo el ceño con descontento. Poco después, Parashurama saltó desde lo alto del acantilado y se deslizó por el aire hasta aterrizar justo delante de él. Orfeo, que había quedado atrapado tras Krishna debido a que sus hilos aún lo enredaban, logró aterrizar de pie sin sufrir daño alguno.
—Este giro inesperado de los acontecimientos... No es algo que haya previsto. Orfeo es una cosa, pero ¿pensar que una sabia y Avatar como Parashurama llegaría a ser tan insensata como para intentar luchar contra su propio destino? ¿Acaso “Uroboros” ya no tiene a nadie con sentido de la virtud entre sus filas?
—¡Hmpf! ¿Sentido de la virtud? Eso no me importa mucho. El destino que me asignó mi maestro, el Dios Supremo Shiva, es transmitir el “Astra” al Último Avatar, Kalki. Aparte de eso, no sé nada sobre esos Cuerpos de Partículas Estelares, o nanomáquinas, o como quieras llamarlos, pero la cuestión es que no creo haber hecho nada para traicionar mi misión.
—Con ese fin, también siento que no hice nada que pudiera clasificarse como “traición”. Simplemente sentí que, como su superior, era mi deber ayudar a los jóvenes asegurándome de que tuvieran todo el tiempo que necesitaran para encontrar su solución. Además, quería asegurarme de que no tuvieran que mancharse las manos con el “Pecado Original”… Y, por si fuera poco, hay otra cosa que me ha intrigado: ¿eres realmente el verdadero Krishna o solo finges serlo?
Ese último comentario provocó una reacción en Krishna: arqueó una ceja sorprendido. Orfeo sonrió y continuó hablando tras reírse con ligereza.
—Durante tu conversación con Izayoi Sakamaki, mencionaste que una vez luchaste contra Indra cuando aún era el más fuerte de los Dioses de la Guerra, y que conociste a tu querido amigo Arjuna como resultado de esa batalla?
—......... Sí, eso es exactamente lo que dije. ¿Y qué?
—Oh, nada del otro mundo… Es solo que es muy extraño, ¿sabes? La Gran Migración del pueblo ario, que adoraba a Indra como su dios, ocurrió alrededor del 1500 a. C., mientras que se dice que Arjuna nació alrededor del 1000 a. C., durante un período de la historia de la mitología india en el que se dice que la anexión tanto de los pueblos indígenas como de los inmigrantes comenzó en serio… ¿Ah? ¡Vaya, vaya! ¿Qué es esto? ¡Señoras y señores, parece que los períodos de tiempo no coinciden! ¿Qué tiene que decir al respecto, señor Héroe de la Intriga?
Para comprender el contexto adecuado de esta historia, el antiguo poeta provocó a Krishna con sus palabras. Y por primera vez, estas palabras lograron arrancarle una reacción que parecía genuina: una mezcla de ira y desprecio. Al ver esa reacción, Parashurama se llevó la mano a la barbilla y continuó siguiendo el razonamiento de Orfeo, intuyendo que tal vez había encontrado la manera perfecta de hacerlo cometer un error involuntario y decir algo que jamás habría dicho de otro modo.
—Yo también me lo he preguntado. Porque si bien he oído hablar de Krishna el Dios, aunque solo sea de boca, no recuerdo haber oído hablar de Krishna el Héroe en absoluto…
—¡Oh, y ahí está, un comentario de alguien que conoce bien la época! Buen apoyo, de verdad... Pero hablando en serio. Aunque la estimada Parashurama básicamente confirmó nuestras sospechas, me gustaría preguntarte esto una vez más.
Y Orfeo repitió su pregunta anterior con una sonrisa aún más frívola en el rostro.
—¿Quién eres exactamente? Porque no puedes ser el verdadero Krishna, el Dios. Entonces, ¿qué pretendes al provocar una paradoja histórica?
Las emociones que habían visto antes en el rostro de Krishna desaparecieron por completo. Pero, aunque seguía teniendo los mismos rasgos faciales de Hércules, ahora parecía que llevaba una máscara para ocultar sus verdaderas emociones al resto del mundo. Incluso la leve sonrisa que esbozó al curvar ligeramente los labios parecía más algo mecánica, algo que había practicado durante mucho tiempo para que finalmente pareciera aceptable, que algo que haría una persona genuina...... Y entonces estalló en una carcajada tan incontrolable que sus colmillos comenzaron a asomar mientras ráfagas de viento negro aparecían a su alrededor.
—Ahhhh~~~ es cierto, olvidé que no eres simplemente Orfeo de la mitología griega, sino Orfeo de la mitología griega que también experimentó todos los horrores de la Guerra Distópica. Tu nivel de conocimiento y comprensión de las esferas culturales de otros países y mitologías es verdaderamente aterrador.
—Bueno, ¿qué puedo decir excepto...? Supongo que sí. Se puede atribuir al hecho de que desde que dejé mi vida de poeta y me casé, he tenido tiempo de sobra para viajar por el mundo y disfrutar de todo lo que ofrece. Puede que haya experimentado un declive considerable en comparación con mi yo poeta, pero me alegra muchísimo que mis conocimientos se hayan ampliado tanto como resultado. Es tan... Humano, ¿no crees?
Orfeo y Parashurama se prepararon para la batalla mientras se enfrentaban a las furiosas ráfagas de viento negro. La Divinidad que percibían ahora tenía un aire aterrador y siniestro, distinto al que habían percibido antes, lo que solo servía para asegurarles que quienquiera que fuera el enemigo que tenían delante, definitivamente no era Krishna, porque ningún mito o leyenda descrito en el Mahabharata mencionaba que Krishna fuera capaz de controlar un fenómeno tan maligno del que Orfeo sospechaba desde que aquella monstruosidad que tenían delante lo usó para apoderarse del cuerpo de Hércules.
—Para alguien que no paraba de hablar de que no quería ocultar su identidad, estás haciendo justo lo contrario. ¿Qué quieres? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Conquistar El Pequeño Jardín y El Mundo Exterior y gobernarlos como rey? ¿O quizás su ruina?
—Ninguna de las dos. Lo que siempre he deseado no ha sido otra cosa que la salvación. Poseo la voluntad y la determinación de salvar al mundo. Es precisamente por eso que hemos creado a “Uroboros”.
De todo lo que dijo este monstruo, eso fue lo único que sonó sincero, y no como una mentira inventada solo para guardar las apariencias.
—Ustedes dos aún tienen un papel que desempeñar en la salvación del mundo. Ese “Astra” que desataron contra mí hace un momento fue verdaderamente magnífico, justo como lo esperaba. Como imaginaba, una chica sin nombre que ni siquiera es capaz de controlar un “Astra” por sí sola será un sacrificio mucho mejor que ustedes. Entonces, ¿qué dicen? ¿Se unirán a mí en mi intento de salvar al mundo de la ruina? Esta es la última vez que les preguntaré esto. Si aún se niegan a cooperar… Entonces me temo que tendré que pedirles que no se interpongan en mi camino si no quieren salir lastimados.
—Y me temo que tendré que rechazar tu oferta. ¿Lo tienes claro? Me niego.
—Ya que estamos hablando de ello, para mí es exactamente lo mismo. Si de verdad querías convencernos de unirnos a tu bando y ayudarte a salvar el mundo, deberías habernos preguntado directamente sin ocultar nada; te garantizo que habrías obtenido un mejor resultado. Sin embargo, no solo intentaste que esos jóvenes tomaran una decisión tan difícil que podría haberlos marcado de por vida si hubieran decidido seguir adelante, sino que, cuando mostraron reticencia a seguir con tu plan, no solo quisiste matarlas tú mismo, sino que tus ojos parecían estar riéndose de ello todo el tiempo, ¡y eso es absolutamente inaceptable! ¡La vida y la muerte humanas no son algo de lo que un dios deba reírse!
Eso fue lo primero que Orfeo notó cuando Krishna hablaba con Izayoi y Homura. Aunque intentaba aparentar que solo hacía lo necesario para asegurar la supervivencia de la raza humana, la mirada en sus ojos, demasiado sutil para ser percibida de inmediato por cualquiera que no dominara el arte de interpretar las emociones a través de los cambios en los rasgos faciales y el lenguaje corporal, era una clara señal de que matar a las dos chicas albinas con el pretexto de sacrificarlas para evitar la ruina de la humanidad le produciría una alegría inmensa. Esa fue toda la prueba que Orfeo necesitaba para saber que, fuera quien fuera la criatura que tenían delante, debía ser eliminada allí mismo, antes de que causara más daño del que ya había causado, lo que significaba que la batalla sería inevitable.
El cuerpo de la anfitriona de Parashurama estaba cerca del límite de lo que podía soportar y aún sufría de fiebre alta, ya que no había pasado mucho tiempo desde la operación que le salvó la vida, pero incluso en ese estado de debilidad, debería ser aproximadamente tres veces más poderosa que Orfeo en su encarnación actual, lo que la convertía en la mejor compañera posible en la que confiar frente a esta monstruosidad que se hacía pasar por Krishna.
Ninguno de los dos sabía cuál era la alternativa que Saigo Homura supuestamente había ideado ni cómo pensaba implementarla, pero sin importar el destino que le aguardara, cuando declaró haber encontrado una solución alternativa, su mirada reflejaba una fe inquebrantable en su idea y la voluntad de afrontarla de frente. Pero pensar que estos dos hermanos estaban dispuestos a enfrentar la amenaza de la Gran Erupción por sí solos... Desde cualquier punto de vista, esto podría ser demasiado incluso para alguien como ellos.
—Ya veo. Bueno, visto así, supongo que no hay nada que hacer. Pero realmente creo que tal resultado es una verdadera lástima.
Un viento negro soplaba a lo largo de la costa. Rebosando del cuerpo de Hércules con aullidos furiosos que se arremolinan y se enroscaban como una masa de serpientes sombrías, listas para clavar sus colmillos venenosos en cualquier cosa que se atreviera a cruzarse en su camino.
—Cuerpo de Hércules… El tiempo que hemos pasado juntos ha sido increíblemente corto, pero te agradezco el apoyo que me has brindado. Has cumplido tu misión de manera espléndida. Pero antes de despedirme de ti, hay una cosa más en la que me vas a ayudar.
—¡¡¡Oh, mier......!!!
El viento negro se extendió por todo su campo de visión y lo cubrió por completo, pero en lugar de apuntarles, pasó justo a su lado y se dirigió directamente hacia el bosque donde Izayoi y Homura huyeron.
Este acontecimiento atrapó a Orfeo completamente desprevenido, y gritó:
—¡Esto no es para nada lo que esperaba! ¡Jamás habría imaginado que sería capaz de utilizar sus propios poderes con tanta eficacia después de poseer a Hércules!
—Si tienes tiempo para estar parloteando con esa boca tuya, ¡mira primero lo que tienes delante!
Orfeo se apartó de Parashurama, solo para encontrarse frente a él con un puño cuya presión era capaz de pulverizar ríos y montañas. Aunque el cuerpo de Hércules se había transformado en el de un niño, ese puño aún podía matar a Orfeo siete veces. Al crear una pared de hilos frente a él para amortiguar la caída, logró desviar el puño ligeramente a la derecha, pero la onda expansiva partió limpiamente por la mitad el acantilado a once kilómetros de distancia, dejando al descubierto su lecho rocoso. Si sus hilos no hubieran estado hechos del pelo del León de Nemea, sin duda él habría sido quien quedara partido en dos.
—¡Qué fuerza monstruosa! ¿Así que siempre ha sido así desde niño?
—Como era de esperar de un Semidiós engendrado por el mismísimo Rey de los Dioses. Posee una fuerza capaz de matar Dioses e incluso espíritus, pero debió de resultarle especialmente difícil vivir con un cuerpo así cuando era niño, ya que acabó matando accidentalmente a varios de los que le enseñaban a luchar.
Era el Semidiós más poderoso de la mitología griega... No, de toda Europa. Era un héroe que había luchado de igual a igual con los espíritus e incluso con los Gigantes. No había nada de “normal” ni de “común” en él. Pero ahora su cabello rubio estaba teñido de negro azabache, que emitía una luz oscura. Su apariencia de joven griego de tez clara había desaparecido por completo. Y cuando vio que una maza gigante se materializaba en sus manos, Orfeo hizo una mueca de profundo disgusto.
—Khh... Me alegra que no esté usando el Arco Estelar en su forma rejuvenecida, pero aun así podría ser demasiado para solo nosotros.
—Solo tenemos que ganar tiempo, no es necesario que lo derrotemos. Aunque, con el cuerpo de mi anfitriona aún enfermo, eso podría convertirse en una lucha a muerte. Teniendo esto en cuenta, cuento contigo como mi apoyo, jovencito.
Ella le dio una palmada en la espalda a Orfeo, pero sus ojos decían que en ese momento hubiera preferido estar en cualquier otro sitio. Ya estaba ganando tiempo conversando con ese falso Krishna, pero si además tenía que hacerlo en batalla también... Eso sí que sería complicado. Aun así, no les quedaba más remedio que darlo todo.
Al contemplar el otro extremo del bosque, Parashurama recordó algo.
—¿Es realmente necesario el sacrificio de la vida de esta chica por el bien de la humanidad?
Las palabras que pronunció sin querer en la noche lluviosa de su batalla contra Izayoi Sakamaki, cuando le espetó con rabia aquella pregunta: ¿Acaso el sacrificio de la vida de esta chica va a tener algún sentido? Desafortunadamente, parecía que su sacrificio sí tenía sentido, pero Parashurama seguía creyendo que aceptarlo, junto con el cruel y doloroso pasado de la chica, sería demasiado cruel. Era tan trágico que quisiera salvarla, no como una “Asesina de Héroes”, no como una Destructora de la Injusticia, sino simplemente como una mujer llamada Parashurama.
Jóvenes. No importa si está bien o mal. Lo que de verdad importa... Es que siempre den lo mejor de sí mismos, sin importar la adversidad que enfrenten. Si me prometen eso... ¡Les prometo dedicarles toda mi ira y mi rabia ante la injusticia del mundo!
Lo primero que había que hacer ahora era erradicar esta plaga de la humanidad de la faz de la tierra. Preparando su sangrienta hacha de batalla, Parashurama se calmó lentamente y reguló su respiración...
......... Y apuntó sus hojas de doble filo hacia el monstruo que tenía delante.
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