Last Embryo - Vol 5 Epílogo de la Fiesta de Té de los Vampiros
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Traductor: Radak
Corrector: Radak
Epílogo De La Fiesta Del Té De Los Vampiros
Demasiado estupefacta para decir algo... Leticia simplemente se quedó allí parada, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
Aquel gesto carecía de honor y dignidad, pero a ella no le importaba en lo más mínimo. Aunque permanecía erguida, mirando al frente, con los ojos bien abiertos, era como si no reflejaran nada en ellos, y no veía nada. Simplemente se quedó allí, preguntándose cuántos miles de años de historia representaban aquello.
Esa historia... No estaba llena de gloria en absoluto. Solo un espectáculo lamentable de humillación y angustia sin fin. Después de verse obligada a verla una y otra vez durante lo que parecieron mil o incluso dos mil años seguidos, el alma de Leticia finalmente regresó a su trono en la ciudadela aérea. Y entonces se dio cuenta.
En realidad, todo este Juego de Dones debió durar solo un instante, un instante, porque lo primero que se reflejó correctamente en los ojos de Leticia cuando recuperó la consciencia, la apariencia de Canaria, era exactamente la misma que en el momento en que terminó de declarar las reglas del Juego de Dones y chasqueó los dedos.
Cuando se percató de que Leticia había regresado de su viaje, levantó la mirada para que pudieran mirarse a los ojos, pero aparte de eso, no pronunció ni una sola palabra. Simplemente se quedó allí, en silencio. Cuando ese silencio se prolongó durante más de cinco minutos, Leticia apretó los puños con irritación y decidió hablar primero, aunque al hacerlo se dio cuenta de que, por alguna razón, su voz sonaba extrañamente temblorosa, algo que no esperaba en absoluto.
—..... ¿Qué fue eso?
—Santos cielos, ¿de verdad tengo que empezar mis explicaciones con algo así? ¿En serio fue la primera vez que participabas en un Juego de Dones basado en el recuerdo de eventos y experiencias históricas?
—Sé lo que son los Juegos de Dones de recuerdo histórico, pero no te atrevas a hacerte la tonta conmigo. No fue algo tan simple como un recuerdo. La cantidad de tiempo que ha transcurrido aquí y durante el Juego de Dones claramente no fue la misma. Es casi como si este Juego tuyo hubiera creado un universo separado, o dividido el espacio-tiempo en universos interior y exterior donde el flujo y la acumulación de tiempo entre ambos no coincidían........ Y eso es algo que un Juego de Dones de tipo recuerdo no puede hacer.
Leticia parecía tranquila al analizar la situación, pero en realidad sospechaba que Canaria no le estaba contando toda la verdad, o incluso que podría haber manipulado el Juego de alguna manera. Dejando de lado la cuestión de la verdad y la mentira por un momento, Leticia no puede negar que lo que acababa de vivir con el Juego de Dones la había impactado profundamente. Por lo tanto, lo mejor para Leticia era asumir que algo fallaba no solo en el contenido del Juego de Dones, sino en todo el Juego en general, ya que muchos aspectos de lo que vio le parecieron claramente sospechosos.
Dado que se suponía que este era un Juego de Dones de tipo recuerdos, su propósito carecería de sentido si no reprodujera con todo detalle las experiencias vividas por el cuerpo y el alma de una persona. Esto se debe a que simplemente observar los acontecimientos con los ojos no sería diferente de almacenar la información procesada en el cerebro.
Debido a la naturaleza misma de los Juegos de Dones basados en el recuerdo de eventos del pasado y las técnicas utilizadas para prepararlos y ejecutarlos, el tiempo de la experiencia preparada y el tiempo transcurrido del Juego que la utiliza deben permanecer exactamente iguales. Esto se debe a que provocar una diferencia en el flujo del tiempo dentro del universo interno del evento recordado, donde las experiencias se acumulan directamente en el alma del Jugador, y el flujo del tiempo en el universo externo, es decir, el mundo material desde el cual el Jugador es transportado al universo interno del Juego, viola la cláusula de las reglas del Juego que prohíbe la implementación de cualquier desviación temporal, ya que entonces el Creador de Juegos corre el riesgo de convertir el Juego de Dones de tipo recuerdo en un Juego de Dones de Paradoja Temporal.
—Por lo tanto, voy a preguntarte de nuevo: ¿qué era ese Juego de Dones de hace un momento? ¿Qué pretendes conseguir mostrándome esa historia?
Leticia hizo mucho hincapié en cada palabra de la última frase que pronunció, y solo entonces Canaria pareció comprender las intenciones que se escondían tras sus preguntas.
—Ah, ya veo. Aunque hayas presenciado los acontecimientos a través de los ojos de tu propia hermana, sigues pensando que el Juego ha sido manipulado y que lo que viste fue una falsificación para engañarte. Entiendo por qué te sientes así... Pero, por desgracia, me temo que tengo que decepcionarte. Leíste el contenido del Pergamino de Juramento hace apenas unos instantes, ¿recuerdas? Entonces quiero que recuerdes lo que estaba escrito al principio, en la sección de Resumen de Reglas: {El Juego de Dones en el que participarán los Jugadores se basa en la premisa general de que “Todo lo descrito en el Juego es un hecho histórico inalterado de ninguna manera”.}. Así que ahí lo tienes. Eso es todo.
—¡¡¡¡¡¡Basta ya de tonterías...!!!!!!
En ese instante, la Divinidad de Leticia se expandió al percibir a Canaria como una amenaza que debía ser eliminada. Entonces, en un instante demasiado breve para que cualquier humano reaccionara, invocó la sombra bajo sus pies, la cual se extendió y cambió su forma hasta convertirse en un dragón que se abalanzó sobre el cuello de Canaria y le clavó sus colmillos. Mientras tanto, mil lanzas de sombra emergieron de la sombra que se extendía por el suelo y la atravesaron por completo. Canaria no negó las sospechas de Leticia con palabras, así que sus instintos le dijeron que debía atravesarla de inmediato, y así lo hizo, mirándola con ojos llenos de hostilidad y furia. Pero, una vez más, eso no sirvió de nada, porque en el momento en que apartó la mirada para parpadear, ese instante bastó para que el cadáver mutilado de Canaria desapareciera sin dejar rastro, y ella se quedara allí de pie, viva y sin un solo rasguño en el cuerpo, lo que enfureció aún más a Leticia.
Si tan solo hubiera reflexionado con calma, se habría dado cuenta de que era obvio que aún había margen para la reflexión en las palabras de Canaria. Si tan solo hubiera ignorado los asuntos relacionados con las paradojas temporales, se habría dado cuenta de que no cabía duda de que el Juego de Dones que acababa de experimentar era una experiencia basada en la reminiscencia.
Pero en lugar de eso, Leticia optó por descartar inmediatamente esa posibilidad. Así es. En vez de negarlo, decidió abandonarlo por completo. Sus labios se tornaron de un azul intenso, sus dedos temblaban violentamente y, tras toda la ira, sus ojos reflejaban depresión. Pero, sinceramente, ¿quién podría culparla por reaccionar así y querer negar la realidad de lo que acababa de ver? Después de todo, acababa de descubrir que era la responsable de la caída no solo de su preciada hermana, sino de todo el clan de vampiros... Todo porque se había convertido en aquello que los vampiros más despreciaban.
Más que nada, eso... Eso era algo que simplemente no podía soportar.
—¡Respóndeme! ¡Respóndeme y sé sincera! ¿Qué tramas? ¿Por qué intentaste
engañarme? ¿Buscas la fama? ¿La fama de haber derrotado finalmente a la Reina
Vampiro tras volverla loca? ¿O acaso solo eres un perro faldero que sigue las
órdenes de alguien? ¿Quién fue? ¿Quién te envió aquí?
—No estoy tramando nada, no hago esto por fama y, desde luego, no actúo bajo las órdenes de nadie. Lo único que hice fue usar una función diferencial de “Otra Cosmología” para poder modificar ligeramente tu percepción de un segundo a lo largo del Juego que acabas de experimentar. En otras palabras, cambié un segundo de tu mundo para que durara mil años solo para ti, aunque originalmente este poder está pensado para usarse de forma un poco diferente, principalmente para acelerar mi propia velocidad y la de los objetos que interactúan conmigo... Más o menos así.
Canaria inclinó ligeramente la mano hacia abajo, y al hacerlo, se oyó un ruido como si el aire mismo se estuviera desgarrando... Y al instante siguiente, Leticia sintió que algo cálido le goteaba lentamente por la mejilla, seguido del sonido de algo que caía al suelo junto al trono con un estruendo. Le tomó un momento comprender que lo que le goteaba de la mejilla era en realidad su propia sangre, y que lo que ahora había caído junto al trono era un pequeño trozo de escombro, no más grande que una piedra común.
No sabía de dónde había sacado Canaria aquello ni cuándo había logrado lanzárselo, pero comprendió una cosa de inmediato: que no había visto cómo le arrojaban ese trozo de escombro, y que ni siquiera había sentido dolor cuando le rozó la mejilla al pasar volando a su lado. Eso definitivamente no era normal. Ningún ser humano debería ser capaz de lanzar objetos a tal velocidad. Sin embargo, Canaria lo había conseguido; debió haber lanzado esa piedrita a una velocidad cercana, o quizás incluso superior, a la Primera Velocidad Cósmica.
Es cierto que aún la invadía la rabia, pero no la suficiente como para nublar su razón y su capacidad de comprender que algo que normalmente no debería ocurrir había sucedido, ni la naturaleza misteriosa del fenómeno que acababa de tener lugar. Jamás habría imaginado que alguien tan inofensiva como Canaria pudiera hacer algo así y, sin embargo, allí estaba.
—Im... ¡Imposible! ¿¡¡¡En lugar de simplemente acelerar la materia misma, cambiaste su definición de un segundo para aumentar la velocidad del movimiento de esa piedrita de tal manera...!!!? T-Tal cosa...
—¡Oh, vamos! Seguro que ibas a decir algo como “¡¡¡Eso no debería ser posible...!!!”, ¿verdad? Bueno, déjame decirte entonces que lo que acabo de hacer no es tan inusual como parece que piensas. La Cosmología de los dioses egipcios no es tan diferente de nuestro propio espacio exterior debido al peso del oxígeno, y esa misma regla se cumple incluso aquí en el Pequeño Jardín. Se pueden crear joyas sin oxígeno para arder; se pueden formar ríos simplemente con el hidrógeno generado por las hojas de los árboles. Ignorando las reglas del mundo material, tales pequeños milagros pueden ocurrir porque las reglas que rigen la cosmología son diferentes de las que rigen el espacio exterior, y esencialmente estoy haciendo exactamente lo mismo... Aunque lo que estoy usando todavía está prácticamente en fase de diseño.
Dicho esto, Canaria se rio con su voz melodiosa y luego mostró una sonrisa feliz, pero Leticia estaba lejos de estar feliz. Las Cosmologías son los secretos de los Panteones de los Dioses y una de las fuerzas más poderosas que existen en el Pequeño Jardín. Es algo que va mucho más allá del reino del Todopoderoso, y se podría decir que es el poder prohibido accesible solo a los Dioses Supremos de cualquier mitología... ¿Y esta joven decía que poseía un poder que era un modelo de algo así? Pero si lo que dice es cierto y realmente tiene un poder que puede rivalizar con las Cosmologías de los Dioses, entonces sin duda podría resolver las contradicciones que atormentaban la mente de Leticia.
—Entonces... Ese Juego de Dones por el que me hiciste pasar...
—Eso fue una mezcla del auténtico Juego de Dones basado en el recuerdo con mi propio poder. Un registro de los momentos del ocaso de la raza Vampiro, el momento de su mayor caída presenciado por tu hermana.
Ante semejante respuesta a sus preguntas, Leticia no tuvo más remedio que aceptar los hechos tal como eran. Entonces ordenó a la sombra a sus pies que se detuviera, y con un fuerte *¡CLANG!*, las lanzas con las que quería ensartar a Canaria cayeron al suelo una a una.
Cansada, Leticia también se recostó en su trono. Ahora que había obtenido respuestas, sus labios recuperaron algo de color y la furia que ardía en sus ojos desapareció, que ahora se veían apagados y sin vida. Apoyándose en el respaldo y con los codos en los reposabrazos, se encorvó y se cubrió el rostro con las manos. Intentó cerrar los ojos para olvidar lo que había visto en el Juego de Dones, pero incluso con los ojos cerrados, aún podía ver la imagen de su hermana, fea y deformada, con escamas que cubrían todo su cuerpo.
Su cabello, otrora del hermoso color del oro, se había vuelto blanco y áspero como la piel de una serpiente. Sus labios, antaño hermosos y color cereza, estaban ahora secos y desgarrados hasta las orejas, y sus dientes se habían transformado en colmillos tan largos que sobresalían de su boca. Y, aun así, a pesar de que los escándalos provocados por las mentiras difundidas por los poetas y Cuentacuentos la habían convertido lentamente en semejante monstruosidad, nunca se detuvo ante el buen nombre de su clan y de su reina hasta el amargo final.
Tal y como dijo el poeta que los visitó aquel día: Lamia y todo el clan Vampiro se habrían ahorrado el sufrimiento y el odio que se dirigían hacia ellos si hubieran permitido que las maldiciones dirigidas a Leticia la alcanzaran. Pero jamás lo hicieron. En cambio, optaron por proteger el honor de su gobernante, incluso después de que esta cayera tan bajo como para convertirse en una Señora Demonio.
.... Mi querida hermana no es el monstruo que los poetas están pintando.
Estas palabras eran la prueba de la confianza que Lamia tenía en Leticia, palabras que se repetía a sí misma tantas veces que se habían convertido en una especie de plegaria personal, y en un deseo que anhelaba con todo su corazón que algún día se hiciera realidad.
Por supuesto, Leticia sentía una ira y un asco tan profundos hacia quienes maldecían y ridiculizaban a su hermana que sabía que jamás podría perdonarlos.... Pero había alguien más que merecía su ira y no ser perdonada jamás más que nadie: la propia Leticia. Porque, en última instancia, no fueron los rebeldes ni su ejército los responsables de la caída del clan Vampiro y de sumirlos en una era de eterna oscuridad.
La responsable de la destrucción del clan Vampiro, de sus ideales y de todo lo que apreciaban... Fue una insensata Señora Demonio que permitió que su ira e instintos primarios nublaran su juicio. Sí, ese hecho es quizás el más importante de todo lo que Leticia aprendió hoy: que era la mayor tonta entre todas las tontas, y nada podrá cambiar eso jamás.
—Ah... Aaaahhhhhh......
La mano derecha con la que se cubría el rostro se empapó de lágrimas. Pero a diferencia de antes, cuando soñaba con los días pasados, estas no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de arrepentimiento. Esa era la emoción más intensa que Leticia sentía en ese momento, y la única forma que podía darle era la de las lágrimas que ahora corrían por sus mejillas como un río incontenible.
El arrepentimiento que sentía en ese momento era algo que no se podía describir con simples palabras. Se arrepentía de haber permitido que todo eso sucediera y de no haber podido evitarlo. Sentía tanto arrepentimiento por tantas cosas a la vez que ni siquiera sabía por qué debía disculparse, cómo debía hacerlo, cuánto ni a quién. Si tan solo pudiera compensar todo lo que había sucedido por su culpa con su muerte, habría muerto con gusto cien mil veces si fuera necesario, con tal de enmendar al menos algunos de sus errores. Pero eso era solo una ilusión egoísta. Considerando la magnitud de las bajas que había causado su transformación en Señora Demonio, dudaba que alguna vez pudiera enmendarlo por sí misma.
En ese momento, más que nada en el mundo, deseaba que alguien la acusara. Quería que alguien la señalara con el dedo y la culpara de todo lo que había sucedido por su culpa, enumerando uno por uno la larga lista de sus pecados y sus consecuencias. Alguien que la juzgara por todos los crímenes que había cometido. Pero entonces, casi como si supiera exactamente lo que Leticia estaba pensando, interrumpió su autocompasión diciendo:
—Por desgracia para ti, no existen leyes en este mundo que puedan juzgarte por lo que has hecho. Nadie puede castigar tus pecados... Porque el país y las personas que podrían haberlo hecho ya no están presentes en este mundo.
—......
Esa fue otra cosa que Leticia comprendió mientras presenciaba los acontecimientos del pasado durante aquel Juego de Dones. Cuando la Comunidad se disuelve o se destruye por completo, su nombre desaparece del pasado y del presente del Pequeño Jardín. Probablemente por eso el nombre de la Comunidad a la que Leticia pertenecía originalmente no figuraba en los Pergaminos de Juramento negros que caían del cielo mientras masacraba a los rebeldes durante su propio Juego de Dones, al que los había involucrado como castigo por su rebelión.
—… De verdad fuiste un idiota. No debiste haber deseado venganza. No debiste haberte dejado llevar por tus oscuros deseos, pues fueron los responsables de tu transformación en una Señora Demonio. Aunque tu familia y tu gente murieran a causa de la rebelión, debiste haber reprimido tu deseo de vengarte de quienes te hicieron eso y, en cambio, haberte centrado en aquellos de tus súbditos y compañeros que lograron sobrevivir. Si tan solo hubieras hecho eso… Entonces tal vez habrías podido guiar al clan Vampiro hacia la realización de su leyenda final.
Deberías haber reprimido tus deseos de vengarte de quienes te hicieron eso y, en cambio, concentrarte en aquellos de tus súbditos y compañeros que lograron sobrevivir a la rebelión. Sí, pensándolo bien, eso es exactamente lo que debería haber hecho entonces. Pero no eligió ese camino y se precipitó voluntariamente al oscuro abismo del asesinato y la venganza. Quien sí pudo hacerlo no fue Leticia Draculea, la Reina Vampiro, sino Lamia Draculea, la segunda princesa, cuyo único propósito era ser una herramienta política. Pero ella asumió todo el rencor dirigido hacia Leticia y, cuando ya no hubo otra forma de lidiar con ello, se encerró voluntariamente en sí misma y se durmió.
—... ¿Qué debo hacer ahora?
—Eso no lo sé, pero permíteme devolverte la pregunta: ¿qué quieres hacer ahora?
—¿Eh...?
Sin saber cómo responder, Leticia simplemente levantó la cara y miró a Canaria con confusión, lo que provocó que esta se sorprendiera tanto como Leticia en ese momento.
—Qué... ¿Qué quiero hacer?
—Sí. En lo que a mí respecta, puedo decir que ya he logrado la mitad de lo que quería hacer mientras exploraba la tumba de la familia real para confirmar algunas de mis sospechas... ¡Ah, pero por favor, no me malinterpretes! ¡No fui a la tumba real para profanar tumbas a la antigua usanza! Solo fui a presentar mis respetos ante los restos de tu padre y tu madre...
—Padre y madre... Pero por lo que me han contado, la luz del sol los ha reducido a cenizas.
—Sí, ese es el destino que les ha tocado. Por eso he celebrado un servicio conmemorativo en su honor, tras recoger los restos de las cenizas que quedaron incrustadas en las murallas del castillo. Sé que probablemente no signifique mucho ahora, pero lo que les ocurrió fue una verdadera lástima. Lamentablemente, no conozco muy bien a los miembros de la familia real vampírica de aquella época, así que no tuve más remedio que grabar solo sus nombres simplificados o, mejor dicho, sus títulos, en las tumbas donde deposité sus cenizas... ¿O quizás no debería haberlo hecho?
Preguntó con cierta inquietud. Probablemente pensaba si tal vez había hecho algo que no debía. Pero los ojos de Leticia se ensancharon, sorprendida por algo completamente distinto.
Sus padres fueron clavados a las murallas del castillo y abandonados a su suerte, quemándose vivos bajo la luz del sol. Sus cenizas quedaron adheridas a las paredes en los lugares donde murieron, destinadas a permanecer allí para siempre. Era una muerte más propia de un monstruo que de un miembro de la familia real, y seguramente fueron sometidos a ella para despojarlos de los últimos vestigios de su dignidad como miembros de la realeza vampírica… O al menos, así lo había pensado Leticia hasta ahora.
Pero esta mujer… No solo recogió los restos dispersos de las cenizas de los padres de Leticia, sino que también los lloró y los devolvió al lugar que les correspondía: la tumba real, junto con el resto de sus ancestros. Esto significa que ahora los padres de Leticia fueron enterrados finalmente no como los monstruos que otros creían que eran, sino como los miembros de la orgullosa y noble raza que realmente eran. Solo eso la hizo comprender que, aunque era una de las Cuentacuentos, era diferente de los Poetas y Cuentacuentos de antaño, quienes usaban a la raza Vampiro como juguetes y peldaños para que sus canciones llenas de falsedades les reportaran dinero y fama.
También la hizo comprender la verdadera magnitud de su propia insensatez. Durante todo ese tiempo había pasado durmiendo y sumida en la desesperación, sin pensar en ir al lugar donde murieron sus padres para recoger sus cenizas y darles el entierro digno que merecían. Reconociendo todo esto, Leticia asintió para sí misma y se levantó en silencio de su trono.
Durante un rato no dijo nada, simplemente mirando al cielo visible desde la sala del trono. Y entonces...
—Las palabras de alguien como yo probablemente no signifiquen mucho, pero aun así… Gracias, de todo corazón. Gracias... Por darles a mi padre y a mi madre el entierro digno que ambos merecían. Gracias, Canaria...
—No, de nada. Y lo que es más importante, ¿hay algo más que pueda hacer por ti, “Mi Bella Dama Rubia”?
—De hecho… Sí, creo que hay algo en lo que podría necesitar tu ayuda. Por supuesto, lamento causarte más problemas de los que ya has tenido … Pero, ¿podría pedirte que entierres dignamente al resto de mis amigos y compañeros? Puedes… ¿Puedes hacer eso por mí?
—Por supuesto. Si eso es lo que deseas, con mucho gusto te complaceré. Pero ya que estamos, también quisiera hacerte una petición... ¿Te parece bien?
Canaria preguntó con una sonrisa, pero Leticia dudó un poco si debía aceptar su petición o no. Se encontraba en una posición que le impedía abandonar la ciudadela aérea, por lo que no podría cumplir ninguna petición que la obligara a salir al exterior, pero... Dado que ya había hecho tanto por ella, lo lógico sería que hiciera todo lo posible por devolverle la amabilidad que le había demostrado. Así que, si la petición de Canaria resultaba estar dentro de sus posibilidades, dadas sus circunstancias, decidió cumplirla, sin importar de qué se tratara.
—Les diste a mi padre y a mi madre un entierro digno y les proporcionaste un lugar de descanso donde pudieran estar con el resto de mis antepasados por toda la eternidad... Así que, si hay algo que pueda hacer por ti, haré todo lo que esté a mi alcance.
—¿De verdad? ¡Qué bien! Pero que quede claro: ahora que me has dado tu palabra, no puedes retractarte, ¡o te haré tragar mil agujas!
—... ¿Qué?
—¡Oh, no te preocupes por los pequeños detalles y ya ven conmigo! ¡Creo que todos los demás ya han terminado sus preparativos, así que sería de mala educación hacerlos esperar tanto tiempo…!
—¿De qué estás hablando...?
—¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Menos charla, más movimiento!
Dicho esto, Canaria agarró con firmeza la mano de Leticia y salió furiosa de la sala del trono, llevándosela consigo. Leticia seguía sin comprender cuál era su objetivo, y más importante aún, qué planeaba hacer y por qué eso requeriría sacarla a rastras de la sala del trono, pero había algo que sabía con certeza: en ese momento, Leticia se consideraba poco más que un fantasma, una cáscara vacía de la persona que había sido antes, pero al parecer, a esa mujer... A Canaria no le importaba en absoluto.
—¡Eh! Espera un minuto... ¡Oye! ¡Dije que esperes! ¡¿Adónde crees que me estás llevando?!
—¡Ya verás! ¡Hm-hm-hm~~! ¡Me conseguí una belleza~~! ¡Me conseguí una belleza~~! ¡Oh, no puedo esperar para presentarte a la Hermana Mayor Taisei~~♩
Por razones que escapaban a la comprensión de Leticia, Canaria parecía estar de tan buen humor que primero empezó a tararear como un pajarito, para luego, de repente, entonar una canción. Leticia, sinceramente, no entendía qué le pasaba ni por qué parecía tan feliz, así que, sin saber cómo reaccionar, hizo lo mejor que pudo: se dejó arrastrar por ella mientras la miraba fijamente de espaldas, justo delante de ella.
Después de que ambas salieran furiosas de la sala del trono, atravesaron rápidamente el corredor que había frente a ella y emergieron en el patio, por el que corrieron con la misma rapidez. Cuando finalmente cruzaron la puerta del castillo que conducía a la ciudadela, Leticia notó que alguien ya estaba allí, esperándolas. Era la chica hada Eurídice, la misma que había estado con Canaria cuando visitaron por primera vez la sala del trono de Leticia un mes antes. Estaba agachada junto a lo que parecía una hoguera improvisada, mirando el cielo estrellado con una expresión que delataba que estaba a punto de morir de aburrimiento, pero al ver a Canaria y Leticia acercándose rápidamente, se puso de pie de un salto y alzó la voz con irritación:
—¡¿Qué demonios te ha llevado tanto tiempo, Canaria?! ¡¿Te das cuenta de que llevamos aquí esperando con todo listo desde hace rato, verdad?! ¡Orfeo incluso llegó a pedir prestada la Autoridad Solar de Hércules relacionada con el “Argo”, y casi lo echas a perder!
—¡Lo siento muchísimo, Eury! Nuestra pequeña charla nos ha llevado más tiempo del que esperaba, pero después de una pequeña discusión logré convencerla al final, así que, por favor, tenme paciencia.
—¿Mmm....?
¿Discusión? ¿Convencerla? Así que todo lo que Canaria le hizo pasar... ¿Fue parte de algún tipo de negociación? Sin entender qué estaba pasando ni de qué hablaban, Leticia ladeó la cabeza con confusión. Tras un profundo suspiro, Eurídice chocó las palmas con Canaria y le dedicó miradas de entusiasmo.
—Me alegra que todo haya salido tan bien. ¿Crees que su incorporación será suficiente para mejorar el potencial de batalla de {Arcadia}?
—¡Claro que no! Después de todo, todavía estamos en la fase de preparación, y la batalla decisiva contra él aún está muy lejos en el futuro como para que nos preocupemos por eso ahora mismo… Dicho esto, la información de su sangre de vampiro es necesaria para que tengamos éxito, así que me alegra mucho haberla convencido para que se una a nuestra causa. ¡Vamos, tenemos que presentarles a nuestra nueva amiga a todos!
—¡E-Eh, espera un minuto! ¿De qué demonios estás hablando?!
—¿Qué quieres decir con “¡¿De qué demonios estás hablando?!” ¿De informar que te convertiste en nuestra nueva compañera? ¿Qué más?
—¡Gracias por unirte a nuestras filas, señorita recién llegada!
Eury saludó a Leticia con entusiasmo mientras hacía dos signos de paz, pero Leticia tenía dificultades para comprender lo que sucedía a su alrededor. Sabía que había dicho que haría todo lo posible por devolverle a Canaria la amabilidad que le había demostrado, pero cuando dijo eso, ¡no se refería a que haría algo tan descabellado como unirse a la comunidad de Canaria!
—E… Estoy agradecida de que parezcan tan felices con la idea de que me una a ustedes, pero ahora soy una Señora Demonio. Cuando la gente que me conoce descubra que me he unido a ustedes… ¿No les preocupa lo que les pueda pasar cuando esa información salga a la luz?
—¿De verdad eso es lo que te preocupa? Entonces, ¿por qué no intentas disfrazarte? ¿Quizás con una apariencia juvenil, similar a la que usa Eury ahora mismo?
—¡Ohhhhh, ¿así que Letty también está interesada en parecer una niña linda?! ¡¿Quiere convertirse en Lolicia?! ¡Entonces tal vez podríamos formar una banda de chicas Loli juntas?!
—¡N-No, escúchenme! Como decía, ahora soy una Señora Demonio, ¡así que me es imposible abandonar este lugar hasta que se resuelva el Juego de Dones que les impuse a los rebeldes! ¿Acaso no entienden lo que eso significa...?
—Aunque no lo creas, sí lo entendemos.
—¡Precisamente por eso hemos venido preparadas!
Las dos lo declararon con la misma actitud como si irrumpieran de repente en casa de un amigo, volcando el tablero de juego que este había preparado meticulosamente y proclamando victoria. Esa actitud tan confiada y alegre dejó a Leticia cada vez más atónita. Para ella, que desconocía los detalles del Juego, las palabras de esas dos, que se comportaban como si lo hubieran resuelto desde hacía mucho tiempo, parecían la máxima expresión de imprudencia. Leticia se preguntó si esas dudas suyas podrían haberse borrado fácilmente de su rostro, porque una sola mirada bastó para que Canaria metiera la mano en el bolsillo de su bata de laboratorio y sacara el Pergamino de Juramento con una sonrisa traviesa.
—No tienes que preocuparte por completar nada, porque no tienes que completar el Juego en absoluto. Está escrito aquí mismo, ¿ves? “※ Sin embargo, si el Cinturón de la Bestia desaparece, el Juego quedará suspendido indefinidamente”.
—¿Y sabes que el Cinturón de la Bestia es otro nombre para el Ecuador Celestial o, dicho de otro modo, el Zodíaco, ¿verdad?
—Sí, lo sé porque el Dragón Gigante actúa como intermediario para una de las Autoridades del Sol, pero no entiendo qué tiene que ver eso con nada, y qué debo hacer al respecto ahora.
—Oh, no hay necesidad de que le des demasiadas vueltas a esto. Eso es porque......
Canaria y Eury rieron como niñitas antes de señalar las estrellas en el cielo y luego proclamar:
—¡Solo tienes que hacer caer las doce constelaciones del cielo una tras otra!
—¡Solo tienes que hacer caer las doce constelaciones del cielo una tras otra!
❄️❄️❄️
Las estrellas centelleantes desaparecían de sus lugares en el cielo, cayendo lentamente en una trayectoria recta. Esa era la señal de que el acto de apertura había comenzado. Y ahora que la habían recibido, los meteoros dorados comenzaron a brillar con una luz dorada resplandeciente que atravesaba el velo de oscuridad que se extendía por todo el firmamento nocturno.
Y no se trataba solo de uno o dos. La lluvia de meteoros, que parecía cubrir la totalidad del firmamento, emitía una luz que fácilmente podría haberse confundido con la del propio sol, antes de que todos los meteoros desaparecieran lentamente uno a uno.
Las estrellas que formaban Leo, Cáncer y Sagitario fueron las primeras en desaparecer, y para cuando sucedió lo mismo con las estrellas que formaban la sexta de las doce constelaciones, el Dragón Gigante también comenzó a brillar con una luz dorada antes de desvanecerse en una bruma. A medida que la luz residual del Dragón Gigante envolvía a Leticia, todo su cuerpo comenzó a resplandecer, destacando contra el tenue fondo de la ciudad del castillo, que aún permanecía sumida en la oscuridad.
Esto hizo que Leticia se sintiera confundida, ya que era la primera vez en mucho tiempo que sentía su cuerpo envuelto en una sensación tan agradablemente cálida, pero al final, lo que le estaba sucediendo en ese momento no era nada en comparación con el fenómeno que estaba ocurriendo en el cielo.
En definitiva, no era raro que las estrellas que formaban las constelaciones del Zodíaco cayeran del cielo de esa manera. Sin mencionar que, gracias a las reglas del Pequeño Jardín y al sistema implementado allí, quienes poseían las encarnaciones de dichas constelaciones podían lograr hazañas que normalmente solo serían posibles para aquellos que habían alcanzado el reino del Todopoderoso. La mujer frente a Leticia era precisamente así. Alguien capaz de obligar a las Autoridades del Sol a actuar exactamente como ella quería.
—C-Canaria..... Tú, que... Qué...
—¡Oh, vaya, qué vista tan espléndida y maravillosa! ¿Crees que todos estarían contentos si hiciéramos algo así al menos una vez al año?
—¡Por supuesto! ¡Tienes toda mi aprobación para hacer esto más a menudo! ¡Incluso podríamos pedirle a Orfeo que invente los nombres para esas lluvias de meteoros!
Canaria y Eury observaban el espectáculo ante sus ojos mientras vitoreaban ruidosamente e intercambiaban ideas muy absurdas. ¿Así que esto no era algo que solo ocurriría una vez y planeaban hacerlo más a menudo solo por diversión? Eso pensó Leticia, pero pronto decidió abandonar esa idea, porque no era momento de pensar en algo sobre lo que obviamente no tenía ninguna influencia, así que simplemente se quedó con ellas y observó. Mirando la lluvia de meteoros dorados sobre ellas, Leticia se sintió feliz... Pero una parte de ella aún no se sentía del todo cómoda con los acontecimientos. Y, además:
—Aunque soy libre de nuevo, eso no cambia el hecho de que sigo siendo una Señora Demonio. Entonces... ¿Qué debo hacer con este tipo de libertad que me has dado?
—Ahora bien, esa es una pregunta bastante tonta, ¿sabes? Has recuperado tu libertad, así que haz lo que quieras con ella, ya sea reconstruir el clan Vampiro y restaurar a la familia real o volver a tu objetivo original de implementar el sistema de “Maestro de Piso” en todo el Pequeño Jardín.
—¡Sí! ¡Incluso podría ser divertido para ti buscar una manera de romper la maldición de la princesa Vampiro, ¿sabes?!
Eury dijo mientras le mostraba a Leticia una cara feliz. Ciertamente, tenía razón. Lamia definitivamente no estaba muerta. Se había convertido en un monstruo debido a las mentiras de los miserables Poetas y Cuentacuentos, pero estas maldiciones por sí solas no la mataron. Y si ese es el caso, entonces podría haber una manera de romper las maldiciones que le han sido impuestas, tal vez encontrando un Poeta comprensivo que esté dispuesto a ayudar a Leticia a salvar a Lamia cantando sobre Lamia no como un monstruo, sino como la heroína que realmente era, no solo para el clan Vampiro, sino también para la propia Leticia. Y la más cercana a ella en este momento...
—Si les digo que este es mi objetivo de ahora en adelante, ¿me ayudarán a lograrlo? ¿Cooperarán conmigo?
—Todo lo contrario. Serás tú quien coopere con nosotros. Quizás no sea de inmediato, porque tenemos bastantes problemas por delante... Pero, bueno, estoy segura de que llegará el día en que podré cantar una canción sobre las hazañas heroicas de tu hermana. ¿Qué te parece este tipo de intercambio?
—Pero... ¿Pero una Señora Demonio como yo realmente podrá hacer algo así, Dama Canaria?
Leticia mentiría si dijera que el recuerdo del Juego de Dones y lo que vio allí la llenaban aún de preocupaciones. Lo que le había sucedido a Lamia era absolutamente horrible... Pero esa mujer frente a ella no tenía nada que ver. Y cuando la abrazó por los hombros, sus ojos brillaban con una fuerza tan intensa como la luz de las estrellas que ahora surcaban el cielo sobre ellas.
—Puedes hacerlo, pero tienes que dejar de dudar de ti misma y aprender a ser más atrevida. El camino que tienes por delante será difícil, pero si te callas y vienes conmigo sin quejarte, te prometo que algún día verás tu sueño hecho realidad.
—¿Qué...?
—Además, no me llames "Dama". Nunca se me han dado bien las formalidades ni los títulos, y para ser sincera, no son necesarios entre amigos, así que no te preocupes. Estoy segura de que nuestra relación será duradera y que tendremos muchas oportunidades para conocernos mejor, ¿no crees?
Se lo dijo con un guiño coqueto al final. Una vez más, Leticia se quedó atónita, tanto por su comportamiento como por sus palabras, demasiado poderosas para resistirse, así que solo respondió con una sonrisa amarga. Tal como había dicho Canaria, su relación seguramente sería larga y extraña... Pero mientras fuera ella, pensó Leticia, tal vez no sería tan malo después de todo.
Después de todo, con alguien como ella a su lado, es difícil mantenerse pesimista por mucho tiempo.
Tras soltar a Leticia de su abrazo, Canaria le preguntó de nuevo qué le gustaría hacer en el futuro.
—Entonces, ¿qué te gustaría hacer ahora? Si quieres ir a la aldea de los vampiros, iré contigo. Después de todo, tenemos que llevarles la noticia de la interrupción de tu Juego de Dones.
—Sí, a mí también me gustaría hacerlo. Pero…
Leticia se interrumpió a mitad de la frase. Luego miró los meteoros en el cielo y continuó:
—Pero primero, creo que debería aprender a preparar té negro.
—¿Té negro?
—Sí. Porque si no aprendo a hacerlo bien, mi hermana me regañará como nunca cuando lo intente después de que rompa su maldición.
Esa fue la promesa que le hizo a su hermana hace mucho tiempo, y quería cumplirla a toda costa. Así que, cuando llegue el momento de que se reencuentren, la recibirá con una sonrisa y el mejor té negro del mundo, como recompensa por todo lo que hizo por ella, y mucho más.
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